La pareja: aritmética imposible

No he alcanzado el samadhi doméstico. Esto me capacita para trazar una geografía precisa y detallada de lo que no lo es.

Los yoguis se cabrean, y los que viven en pareja, más. Dos egos luchan más que uno, y lo llevan, como todo hijo de vecino, lo mejor que pueden. Los yoguis solitarios, en su lugar, lo que suelen hacer es cabrearse a solas, imaginar y desear vivir en pareja (casi todos, sí), disimularlo, y llevarlo también lo mejor que pueden. La diferencia esencial es que tanto discutir como reconciliarse, entre dos da más juego.

Ah, y por supuesto, los yoguis emparejados imaginan y desean también lo que no tienen. Vivir solos (casi todos sí). Varias veces al día. A veces incluso varios días seguidos todas las veces que lo piensan.

Hasta aquí nada diferente con las parejas laicas.

Desde fuera alguien podría pensar que una discusión de yoguis debe ser como la gravedad inversa. Imposible ¿Cómo van a discutir esos serenos y blanditos seres benévolos y sonrientes?

Como perros, oye. Como leones. Como espartanos contra persas, como vikingos contra todos o como españoles entre ellos.

Los yoguis discutimos como hacemos todo lo demás. Con todo lo que tenemos. Sin represiones. Sin angustias. Pim-pam-pim-pam.

¡Pero cómo! Las parejas de yoguis no deberían enfadarse, no deberían discutir, no deberían pelearse.

Como si enamorarte de alguien significa que lo conoces, o que es como lo imaginas. Como si por ser yogui dejases de ser humano. Conoces el corazón de alguien cuando peleas con él (y eso incluye con y contra).

Y por cierto, practicar yoga no significa ser adicto a la sedación estupefaciente.

Practicar Yoga significa practicar sinceridad

Así que aunque desde fuera la gente piense que las parejas de yoguis son un sereno retiro de reposada mansedumbre, un cielo perfumado con pensamiento positivo y mantras, decorado con blandibudhas y kamasutras nivel pro… No. Como cualquier otro emparejamiento humano, son el infierno.

Pero el que mola. El infierno de vivir con quien amas.

El infierno que eligen los adultos libres para aprender qué es el amor verdadero cuando el terrible veneno del enamoramiento ya no los ciega ni los impulsa.

La única diferencia en peleas de parejas de yoguis y no yoguis es que los yoguis escuchan una tercera voz en cada pelea… Y en cada reconciliación.

Los franceses hacen también esto de la tercera voz, pero parece aceptado y consensuado que no son voces internas. Yo te hablo de voces internas. No de matemática de alcoba francesa.

Y en todo caso matizo: No digo que los yoguis contendientes hagan caso a la voz interior. Digo que la escuchan. Una voz que pregunta.

“¿Esto es por amor o por miedo?”

Practicar yoga te ayuda a profundizar en tus motivos y a que aclares, sinceramente, todo lo que está sucediendo dentro de ti.

Se trata de no hacer responsables a los demás de tu dolor, de tu miedo. Ésas son tus herramientas, tus armas, y es importante que las uses con respeto y honor. No son para arrojarlas a ciegas contra los otros. Son muy poderosas, son muy peligrosas, y son para que tú aprendas y seas útil a ti mismo, a tu familia, a todos nosotros. 

El yoga te da el escenario en el que practicar la sinceridad en tu mente, en tus emociones, en tu cuerpo, así que cuando te enfrentas a algo, sabes cuánto de ti hay en ello.

Creo que practicar yoga no es más (ni menos) que poner en escena, sistemáticamente, tu yo más calmado, que siempre resulta ser el más sensato y esclarecido. Es teatro. Como la vida.

No. Mejor que la vida. “La vida”, así entre comillas es un teatro social rígido donde uno debe representar un único papel. Eso no es sano. Tampoco es divertido.

“La vida” al vivir en pareja hace que “el culpable”, el adversario, sea siempre el otro.

En el gran teatro del yoga yo puedo ser y voy a ser, en algún momento, el problema. La práctica de la sinceridad debe darme la claridad para verlo, y el amor por mi pareja, asumirlo. Así puedo escuchar a mi pareja y a mí mismo más allá del papel que interpreto.

Tu pareja es quien te enseña a distinguir entre la víctima que crees ser y el maltratador que puedes ser. Son papeles intercambiables en el tiempo. El yoga te ayuda a cultivar el valor para asumirlo y pelear por superarlo.

Maltratador. Suena mal, pero casi todos lo somos ¿Quién no se trata mal varias veces cada día en el mejor de los casos? Y al prójimo como a ti mismo amén. No podemos tratar mejor a nadie de lo que nos tratamos a nosotros mismos ¿Quién no aprieta su miedo con sus puntos débiles, cansados por el esfuerzo continuado, creando tensiones terribles?…Y al prójimo, etcétera.

Si practicas yoga vas perdiendo tu capacidad para el autoengaño y, con mucho trabajo, vas descubriendo tus zonas apretadas, y con mucho más trabajo, las vas liberando.

En realidad es una pelea personal. Como todas lo son. Aunque ésta se vive en pareja.

El error a cometer e intentar superar es que trates a tu pareja como a ti mismo. Sin duda, a ella debes tratarla mejor.

Pero eso es inevitable. Y precisamente, gracias a ello, puedes descubrir a ese maltratador que vive apretándote desde dentro haciéndote confundir tu tensión con tu fuerza y tu dolor con tu resistencia. 

Creo que vivir en pareja largo tiempo es como las religiones monoteístas.

O es una religión monoteista si te descuidas.

La idea de una unidad sin fisuras, que engloba y redime todos los aspectos aparentemente separados o enfrentados de la realidad, es muy complicada. Acabará por aparecer tanto como ideal religioso, científico,  politico o de pareja. Pero las más de las veces es tóxica porque es muy, muy compleja y, francamente, no todos vamos a entenderla. Y no siempre.

Antes de adorar a un solo dios hay que conocer todos sus aspectos, hay que ser capaz de comprender y respetar a todos los demás dioses, demonios e ideas que contiene y que lo forman y que contienes y te forman. El hecho de que sea una idea, muy compleja excluye automáticamente a muchos que no saben ser sinceros consigo mismos y hace fanáticos con facilidad.

Creo que vivir en pareja es lo mismo. Es un espacio único para el autoconocimiento. Nadie te va a llevar más lejos que tu pareja dentro de ti mismo. Pero no todo el mundo está preparado para profundizar más allá de su guión aprendido. En pareja asumirás distintos papeles en distintos momentos porque crecerás y te darás capirotazos. Antes de amar realmente a tu pareja deberás amar todos sus aspectos cambiantes… Y los tuyos.

En pareja muchos no saben rendirse y otros se rinden demasiado pronto. Esto crea familias “aceptadas” pero perfectamente monstruosas con centro en una pareja monolítica. Realmente lo que nunca se creó fue “una pareja”. Sólo dos soledades que se multiplicaron en un espacio cerrado e hiperdenso.

Un espacio idealizado, preso de su ideal de perfección, sin flexibilidad interna para crecer, para dialogar, discutir, pelear sinceramente si es preciso, para generar mecanismos de detección y adaptación ante los cambios.

No es pelear por la supremacía, sino para aclarar el camino sin miedo a expresar las emociones propias y a aceptar las del otro.

Se trata de estar consciente y ser sincero con uno mismo y desarrollar el valor para pelear por el mejor yo posible, y que ése yo no te importe más que el mejor yo posible del otro.

Tampoco menos.

Una pareja, creo, puede funcionar como una unidad, pero no en todo y para siempre. Una pareja crea un espíritu, pero debe ser honrado y respetado igualmente desde dos espacios diferentes, a veces dos extremos. Es un espíritu muy poderoso, y como tal, muy complejo, donde cada uno los miembros debe superarse, o reducirse, que aquí curiosamente son sinónimos, cuando sea preciso.

Esto no tiene que ver con “la vida” o con “la realidad”. No tiene que ver con el fanatismo de defender una idea determinada de cómo debe ser. Tiene que ver con que no hay parejas perfectas, nadie aguanta semejante paraíso una eternidad. Ni siquiera dos meses. Vivir en pareja es una puesta en escena. Una gran película. Una película donde el guión cambia de momento a momento y el amor se consolida de igual forma. Así enfocado, el yoga, el teatro de la sinceridad, puede resultar de gran ayuda. 

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