Si estás leyendo esto es porque te planteas iniciar la práctica de yoga físico o hatha yoga. Perfecto. Lo normal, como siempre que empezamos algo, es tener muchas dudas. Si me lo permites, intentaré aclarar unas cuantas.

Empezaré por el corazón, para ir hacia los músculos y la piel.

1.- Hatha Yoga: El yoga físico no es tan físico.

Practicar yoga no consiste en hacer ejercicio físico, sino en observar con la atención más profunda y serena qué está sucediendo en tu interior mientras lo haces.

Es practicar el arte de calmarse.

Ese punto de vista lo cambia todo. Las manipulaciones pasan a un segundo plano: técnica, objetivos físicos, logros obtenidos… Ojo, un segundo plano muy importante… Pero no esencial.

Lo importante, el primer plano, es

revelar lo que no se ve

Aquello que aleja la calma.

Lo que sí se ve, las posturas, la respiración, la técnica o los movimientos que encuentres, es igual en diferentes disciplinas de trabajo corporal. El control del centro es el control del centro en yoga y en danza, en pilates y en crossfit, en artes marciales y en gimnasia deportiva. La diferencia entre practicar yoga u otra disciplina es la atención.

El objetivo es aprender a observar mientras se actúa. Observar-te.

El hatha Yoga estudia tu agresión y tu evasión incontroladas.

Realmente se trata de descubras con qué facilidad la atención se ve arrastrada por la acción, entonces se fija en un único punto, se bloquea, se obsesiona y te vuelves agresivo contigo.

La línea que separa la firmeza de la agresividad es sutil. Hay que saber que eso es lo que buscamos, esa línea, si no es muy fácil acostumbrarnos a la agresividad como algo natural. Y no lo es.

Un efecto secundario de familiarizarnos con la agresividad es perder la sensibilidad, tanto en las acciones físicas como en las emociones o en la propia y personal forma de pensar… y en la forma de relacionarnos con los otros. Y “los otros” más cercanos siempre son los que amamos. No es justo ser agresivos con ellos. Hemos de empezar por resolver la agresividad con nosotros mismos y en nosotros mismos.

Al observarte actuando, realizando ejercicio físico, descubrirás también cómo la atención se distrae de la acción y te evades de la experiencia.

Esto es lo que buscamos, por ejemplo, cuando corremos en una cinta. Es tan aburrido que miramos la tele o ponemos música. Es correcto, pero en realidad nuestra atención no hace las dos cosas bien, una pasa a segundo plano, corremos inconscientemente. Practicar yoga es exactamente lo contrario: llevar la atención al movimiento y recibir a propósito la retroalimentación que esto provoca.

Ninguno de esos extremos, agresión o evasión, es tu mejor yo. El yoga se practica para ir aprendiendo a equilibrarnos constantemente entre ambos.

No confundas bien ni mal con la práctica del yoga. La agresión y la evasión son respuestas innatas e indispensables. Todos los mamíferos las tenemos y en el yoga son el material de trabajo básico.

Y no pienses que el equilibrio es la meta o un estado duradero.

No lo es.

Lo que debe durar es tu habilidad para detectar cómo te estás desequilibrando constantemente.

De ahí la importancia de recuperar la sensibilidad.  

El equilibrio en un sistema siempre es dinámico, siempre está cambiando, siempre hay entradas y salidas de energía. De lo contrario no es un sistema, sería algo perfecto, algo muerto.

El entrenamiento en yoga, el Arte de la Calma, no es sostener un estado, eso es forzar un estado. El Arte de la Calma, la práctica del yoga es lo contrario. Aprender con sensibilidad a fluir. Ahí está la verdadera fuerza. No en oponerse al flujo sino en apoyarse en él.

El entrenamiento, consiste pues en reconocer el desequilibrio. Es aprender a advertir el momento en el que éste es excesivo, para entonces elegir, con la mayor claridad, qué hacer a continuación.  

Se trata de dar una respuesta inteligente desde la calma.

El refinamiento de una atención equilibrada, serena, es decir compasiva, valiente, humana, no es algo innato. Ir más allá de la evasión y la agresión es una habilidad aprendida. Un Arte. Siempre es el resultado de un entrenamiento inteligente y sostenido. Eso es yoga.

El tesoro está dentro (el problema es que la porquería también)

No está mal practicar ejercicio físico mientras vemos una peli o escuchamos música, es decir, sin prestar atención al cuerpo. Sirve para hacer cosas aburridas que son buenas para la salud o la autoestima como correr en una cinta.

El yoga no te ofrece directamente salud o autoestima (aunque son un subproducto interesante). Ambas cosas pueden perderse, y de hecho se perderán en ocasiones revelando que hay otras más importantes que tienen poder sobre ellas. La práctica de yoga se diseña para revelar esas cosas más importantes (y te aseguro que trabaja la salud y la autoestima del mismo modo que la danza clásica facilita caminar con gracia y elegancia.. sin ser ése su objetivo)

Te lo cuento con una historia

Érase una vez un labrador que soñaba con tener riquezas suficientes para poder dejar de deslomarse en el campo. En su honrado soñar despierto, caminando hacia casa tras la jornada, decidió atajar por el bosque. Al poco rato se encontró con un vagabundo sentado bajo un árbol.

-¿Qué haces aquí? Preguntó el labrador sentándose junto a él a descansar

-Nada en especial

-¿Quieres agua, necesitas algo?

-Tengo todo cuanto necesito. ¿Y tú? ¿Qué necesitas?

-Sueño -respondió con sinceridad el campesino- encontrar un día un gran tesoro.

-No sé como es un tesoro, pero puedo darte esto que me he encontrado.

El vagabundo tendió un enorme diamante al labrador

-¿De verdad no sabes lo que es? -Preguntó el labrador levantándose sorprendido

-Ni lo sé ni me importa. Quédatelo si te hace feliz. Yo no lo necesito.

El hombre tomó el tesoro, y tras darle las gracias al vagabundo, regresó a su casa sin poder creer la suerte que había tenido.

Sin embargo aquella noche no pudo conciliar el sueño.

Al día siguiente decidió trabajar como había hecho durante toda su vida. Algo le impedía cambiar de vida como siempre había soñado.

Aquella noche tampoco pudo dormir

La tercera noche saltó de la cama internándose en el bosque. Estaba seguro de que el vagabundo ya se habría ido, pero no soportaba su lecho abrasador.

El vagabundo seguía sentado en el mismo sitio.

El labrador le tendió el diamante.

-Te devuelvo el diamante, pero, por favor. Te pido otra cosa.

-Si está en mi mano.

-Lo está. Revélame el tesoro que te permite no necesitar éste.

La autoestima y la salud son muy importantes, al igual que disponer del dinero que necesitamos para cumplir nuestros sueños. Pero todos sabemos que podemos vivir sin esas tres cosas. Su ausencia no es mortal, luego hay algo más valioso que ellas. Y si rascamos la superficie encontramos que hay cosas cuyo valor vale más que la propia vida.

Poner nombre a ese tesoro es algo personal. Mi nombre para ese estado puede ser distinto del que le dé otra persona. Creo que ese no es el objetivo del yoga. Es el tuyo. La invitación que practicar yoga te propone es llevarte a ese estado, que lo vivas, reconozcas, y nombres por ti mismo.

Y eso no se hace solamente yendo a clase a practicar.

Dos o tres veces por semana vas a clase a practicar con un enfoque específico bajo la mirada de un profesor. El resto del tiempo tienes tu propia vida para observarte mientras actúas. Es importante que tu profesor te recuerde, te motive y te asesore para hacer esto.

Aprender a observarnos mientras actuamos. De eso va la práctica en primer lugar. Y lo mejor para observar es siempre lo más inmediato y habitual. Ahí guardamos toda la información. Por eso el yoga básico es el yoga físico. Por eso encontrarás tu agresividad o tu indolencia trabajando tus nervios, fascias y músculos. Tal y como te relacionas con ellos te relacionas con todo.

Echa una mirada.

Te invito a un chupito de observación.

Observa tu postura.

  •  ¿Cómo te sientas? ¿Te desplomas,  te sostienes o te empujas?
  • ¿Qué duele o qué está tenso?
  • ¿Cómo respiras?
  • ¿Respirarías mejor mejorando tu postura?
  • ¿Puedes sostener esa postura mejorada que te permite respirar mejor o es demasiado esfuerzo?

Temas muy interesantes… y complejos. Es mucho más fácil que observes tu cuerpo cuando no estás leyendo o no estás trabajando porque ahora seguramente te cueste mucho esfuerzo y lo que observes no resulte muy agradable. No es raro que, si tu postura era lamentable, de hecho ahora te sientas peor que antes de saberlo… sorry.  

Buen motivo para que te vengas a clase: aquí te propondremos muchas posturas y movimientos. Podrás observarlos a placer y aprender a calmarte y fortalecer tu mente… al descubrir la facilidad de escapar que vas a demostrarte.

2.- La parte física del yoga físico

Ahora vamos con lo que se ve

El movimiento.

Vamos desde el núcleo, acción e intención, al nervio, a la fascia, al músculo, a la piel.

Sigue observándote. ¿Que tipo de yoga necesitas practicar? ¿Qué crees que te va a dar más calma?

Hay estilos y profesores extremadamente vigorosos que ayudan a calmarse a las personas más enérgicas e inagotables porque las permiten liberar la energía extra. Hay estilos y profesores extremadamente sutiles, que te enseñan movimientos sencillos, dulces, con un gran potencial para el descanso. Entre ambos, hay todo tipo de enfoques físicos.

No importa tanto el enfoque del estilo, sino que reconozcas tu necesidad, o la vayas reconociendo según vas practicando, para afinar y encontrar el profesor que realmente necesitas en cada fase de tu aprendizaje.

¿Necesitas tener claro absolutamente todo lo que haces? ¿Necesitas mapa, compás, brújula y tiempo para planificar y ejecutar? Si además te gusta el trabajo físico intenso prueba el Iyengar yoga o con un profesor fanático de la técnica y el alineamiento que vaya por esa línea.

No quieres tener que pensar en técnicas. Quieres lo contrario. Olvidarte de pensar. Descansa. Quieres, necesitas que te lleven a un lugar donde no sabes llegar por ti misma ni quieres tener que aprender, que ya estás harta de aprender cosas. Prueba un yoga aparentemente más pasivo como el Yin yoga, o pregunta a profes de Sivananda.

Quieres, necesitas mover el cuerpo, te lo pide a gritos. Quieres saltar, arrastrarte, reptar. Quieres hacer todo lo contrario a estar sentado frente a un ordenador. Interésate por los estilos dinámicos como ashtanga, anusara, vinyasa flow, yogas dinámicos, Sri Daiva…

Quieres algo extremo, que rompa tus rutinas. Que te haga pensar que realmente estás haciendo algo diferente en tu vida. Prueba estilos con gran personalidad como Kundalini. Inténtalo con Ashtanga, Aeroyoga, Acroyoga.

Quieres algo tradicional, probado durante siglos, oriental del todo. Prueba Sivananda, Sanathana Dharma.

Quieres algo que no sea tan oriental, que sea más occidental y moderno sin perder la esencia. Inténtalo con Anusara, con Sri Daiva, vinyasa flow, aero yoga, acroyoga.

El Arte de la Calma tiene muchos apellidos

Recuerda. Siempre va a tener más que ver con el profe que con el estilo.

Hoy lo normal (y deseable) es encontrar profesores eclécticos porque tenemos mucha y muy buena información a mano y hemos pasado diferentes etapas. Si el alineamiento de Anusara me va mejor que el de Iyengar ¿Por qué no usarlo y enseñarlo? Y viceversa. Aunque haya comenzado con la tradición de Sivananda, lleve un turbante de Kundalini y esté pasando por un momento de yoga aéreo.

Tal vez tú, mi amado principiante, no sabes con qué estilo empezar con tanta oferta. Pues vas bien, porque te garantizo que muchos profesores tampoco sabemos qué estilo estamos enseñando tras estudiar tantos. Eso sí, te aseguro que sí sabemos ayudarte a dudarlo como no sabías dudar: con serenidad , claridad y contento yóguicos.

Con calma.

Si te ha gustado mi enfoque, siéntete libre para compartirlo en las redes sociales.

Y si quieres empezar ¡YA! , me encuentras en el 620957409.

Contacta conmigo

Te dejo un enlace a la revista digital yogaenred que te puede venir bien:

10 cosas que un principiante debe saber (1ª parte)

 

Imágenes cortesía de :  http://www.elbebeytu.com/ninos/primer-ano-de-colegio/