En el nombre de tus dioses

Por ellos, te desafío.

Puede que te creas libre de cualquier religión. O puede que seas católico, budista, ateo espiritual o ateo anti espíritu.

¡¡¡Te desafío!!!

te-desafio

…De buen rollo por supuesto. Guarda el magnum ;D

Afirmo que tú y yo creemos en y adoramos a muchos dioses… Y afirmo que lo hacemos mal.

Para explicarlo debo empezar hablando de fe.

El ser humano se trae el kit de la fe de serie. Es fácil verla funcionando en el tiempo.

Tú y yo tenemos fe en que mañana van a pasar una serie de cosas. Confiamos en que el pasado es nuestros recuerdos. Y sin esa fe estaríamos muy perdidos.

Y con ella, muchas veces también.

Seguro que estamos de acuerdo en que la fe es una herramienta muy útil para ubicarse, perderse y encontrarse.

Parece como si la fe consistiese en sostener imágenes internas poco cuestionadas. En realidad eso no es la fe en sí misma, sino su uso, tan familiar que nos impide verla funcionando. Es como unos viejos y cómodos zapatos. Como el zumbido constante de un ruido de fondo que, por lo familiar, ya no se escucha.

La fe es el pegamento de la imaginación. Podría decirse que es el movimiento continuo de la secuencia de fotogramas que engaña al cerebro y crea el cine. Una ilusión necesaria.

La fe, que no puede ser apagada, inseparable del resto de lo que somos, por su propia naturaleza crea, descubre, exige a los dioses.

El animal de amor, miedo, símbolos y fe que somos tú y yo los necesita, y ellos responden.

Siempre.

Dioses, avatares, héroes, demonios, ángeles, duendes, hadas. Todos existen como existe el tiempo, como existe la razón, como existimos tú y yo. Y en el mismo sitio.

Te desafío a que hagas magia. A que te sumerjas en ese lugar y revises lo que amas, lo que temes, lo que odias… Las cosas mas importantes de tu vida, en una palabra, lo que adoras.

Te desafío a que dejes por un rato de dar por sentado lo que das por sentado. Te desafío a que suspendas tu fe en que los dioses no existen.

Todo lo que adoras tiene poder.

Y nombre.

Historia.

Y vida.

Puede, y lo hace, someter tu voluntad. O multiplicar su poder. Puede disminuir tu capacidad de raciocinio, alterar tu memoria. O mejorar ambas. Puede conducirnos al infierno o al éxtasis, hacer que hagamos cosas que nunca habíamos siquiera imaginado, cosas horribles y cosas maravillosas.

Tú mejor y tu peor yo y el mío. Los dioses, tus héroes y sus contrarios viven ahí.

En tu imaginación. En La Imaginación.

Siempre habrá quien diga que controla. Que los dioses no le afectan. Que está por encima de ellos. Que es libre, dueño de sus razones, afectos y devociones y no adora a ninguno… Siempre habrá quien diga que controla porque adora sólo a uno con una superexistencia que disuelve a todos los demás como falacias que nunca existieron, como los reflejos de la luna sobre el agua. Todos ellos me recuerdan al amigo borracho que al llegar a casa sacaba la llave del portal y la encajaba a la primera. Nos miraba y sentenciaba “-yo controlo tío” y subía a su casa rígido y feliz.

Nunca lo vi repetirlo sobrio.

Emociones, símbolos, memoria y poesía. Dioses.

No digo que los dioses sean las emociones. Te sugiero buscar sus huellas en tu relación con ellas. Por ejemplo:

-¿Qué clase de motor es la ira en tu vida? ¿Necesitas enfadarte antes de tomar según qué decisiones? Cosas que de otra manera no tendrías la menor energía o el valor para hacer. ¿Hasta qué punto abusas o necesitas de ese mecanismo? En parte todos lo hacemos. Incluso sociedades enteras lo hacen. Fascismo, comunismo, fundamentalismo religioso, fútbol.

-¿Qué clase de motor es el amor para ti? ¿Necesitas amar lo que haces o puedes vivir sin eso? ¿Puedes trabajar en algo que desprecias? ¿Usas el amor como disculpa “Es que ya no es lo que era” cuando ya no fluye la química y hay que apoyarla con la voluntad, sea en un proyecto, en una relación, en un sueño antes apasionante? ¿El amor te impulsa, te bloquea, lo necesitas, lo desprecias?

Te desafío, en el nombre de tus dioses, a que te observes y descubras cómo vibran en ti esas energías vivas, cuál es tu relación con ellas.

Te desafío a que escuches tu canción.

Y descubras el nombre de tus dioses.

Te desafío a que te conviertas en mago y bardo, narrador o Sibila.

Magos, bardos sibilas. Sus canciones son uno de los motores esenciales de la evolución humana. El alma y los dioses nacen en sus trances mágicos y viven en los versos de sus poemas y en la memoria de sus ritmos y melodías. Los héroes que crean el yo, también. Y todos juntos, alma, dioses y yo, atraviesan el tiempo subidos a lomos de inmensos dragones que mudan la piel: sumerio, griego, latín, castellano.

Cirujanos y neurocientíficos han buscado el alma en los tejidos del cuerpo y el yo, en las geografías del cerebro, siempre de cerebro en cerebro. A los dioses los han dejado en paz. Por no encontrar El alma ni el yo, muchos afirman que no existen o que son abstracciones.

Buscaban en el sitio equivocado.

Esas cosas no están en un cerebro.

Aunque ahí tengan asiento.

Los dioses, el alma y el yo surgen en trances, toman forma en las canciones, viven en los versos de los poemas y en la musica y viajan en dragones. Su ecosistema es la relación, la cultura, el nosotros.

La tribu

Tu alma no te pertenece. Es de los otros. De todos. De todo.

El dragón vive en una morada mágica, misteriosa, profunda, donde nacen las aguas del olvido y la memoria. Tú conoces ese lugar porque está en una cueva abierta en tu alma. Vienes de él. Conoces el lugar porque lo que ahora parecen palabras ante tus ojos son el reflejo en los ojos del dragón.

dragon-de-kuzen

Te desafío a que mires a los ojos al dragón, bebas en esas aguas y descubras su tesoro más preciado. El significado más profundo que guarda para ti.

Y cuando bebas escucharás dentro de ti el susurro de tu alma. Entonces podrás decirme cuál es el verdadero nombre de tus dioses.

Porque las aguas que guarda el dragón conocen el nombre de tu alma en este tiempo.

Y cuando escuches decir tu nombre a la voz de tu alma, podrás cantar la canción que nunca ha sido cantada y las estrellas y los dioses están esperando.

Ellos esperan que tú existas.

Que existas más allá de una fe de conveniencia, de una fe cotidiana, de una fe de hábito. De una fe ciega.

Esperan que tu alma los cante a ellos. Esperan hablar a través de tu vida viviendo sus mejores hazañas.

Si has llegado hasta aquí y piensas que eres el único dueño y señor de tu tiempo y tu consciencia, es seguro que tenemos cosas en común, pero pocas profundas. Sólo estaré de acuerdo contigo en mis peores momentos y seré una compañía insoportable.

Si has llegado hasta aquí sospechando que eres una historia que los dioses cantan junto al fuego mientras una mujer los canta a ellos en otra hoguera, cantando los sueños de las piedras y las estrellas y los misterios del vacío, compartimos el mismo fuego. Bebemos la misma agua.

Bebamos a la salud de vivos y muertos, de dioses, héroes y cantores, de la Madre que nos canta y de la luz de las estrellas de su manto. Brindemos en nuestra alma por todas nuestras relaciones.

nut1

Imagen:

La fantástica ilustración de la mirada del dragón pertenece a https://www.facebook.com/kuzen.saha?fref=ts una artista con la misma creatividad entre los dedos y el corazón que estrellas tiene la Madre Nut, la diosa Noche egipcia.