Aprendiz de Brujo. Taller de Tarot

¿Es para ti?

Del tarot, la espada y los monstruos del armario

Últimamente varias personas me han dicho que les gustaría que programase otro taller de tarot. Debo reconocer que la idea me encanta tanto como, a estas alturas, me supone un problema. Así que he escrito este post al respecto 

¿Que se espera de un taller de tarot?… Me atrevo a lo compararlo con un taller teórico de trabajo con cuchillo en artes marciales. Sin duda conocer los tipos de armas, su historia, su uso en ataque y defensa, las heridas que puede infligir y de las que puede proteger etc. es útil…

Pero no tiene nada que ver con que a uno se le venga encima alguien o alguienes dispuestos a acuchillar. Absolutamente nada. Esto no se aprende tomando apuntes. Y además es, sobre todo, personal. Absolutamente personal.

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El respeto necesario para estudiar tarot no debe ser inferior al necesario para estudiar el manejo de un arma.

  • Ambas habilidades requieren trabajar con la inmediatez del inconsciente, más allá del lento y secuenciado análisis racional.
  • Ambas habilidades dan opciones para superar crisis profundas.
  • Ambas habilidades yacen dentro de ti, a tu disposición, pero no sin una dedicación consistente.

¿Estás dispuesto a aprender?

Aprender a leer el tarot es aprender a despojarse, lo más sinceramente posible, del temor y la violencia que tapan tu sabiduría profunda. Lo mismo que en el uso de un arma, y eso en el tarot supone también empezar por conocer la propia espada y la mano que la empuña.

Empuñar la espada es usar tu razón, cortar la realidad en partes analizables (lo que significará también separadas de su origen, de todas sus relaciones… sin vida).

Y siempre hay que tener en cuenta que una cosa es usar la espada correctamente y otra abusar de su uso por la tensión del miedo y la violencia.

El corazón del estudio del tarot va más allá del análisis racional. Recuerda que en tarot hay también bastos, copas y oros. Recuerda que también hay arcanos mayores. 

Los talleres puntuales de tarot que he dado hasta ahora no me han dejado completamente satisfecho porque, al final, los alumnos estaban encantados con mi “esgrima”, pero no querían desarrollar la suya comprometiéndose con su práctica. De hecho, su motivación principal al hacer el curso era poder saltarse la parte de la práctica diaria y sostenida (que es la mejor parte). Creían que mi trabajo era aliviarlos del suyo resolviéndoles los misterios del tarot explicándoselos.

…Pero es que

El misterio es la esencia de la magia y del tarot.

Y es la auténtica base de tu relación con él:

-¿Por qué te gusta el tarot? -te preguntan-

-La verdad es que no lo sé.

-¿De verdad crees en él (con risas)?

-¿La verdad? No lo sé. Es un misterio.”

Si tienes una respuesta más clara, o es porque eres el que pregunta, que ya lo tenía muy claro, o aún no estás preparado para aprender en serio.

Aprender tarot es aprender magia. Es llevar la mente hasta el final de la causalidad y la probabilidad… y continuar por caminos misteriosos.

Se trata de que establezcas una relación con tu inconsciente. Una relación con tu memoria más allá de la razón.

Y como ya dije, eso es personal. Cada uno tiene su propia memoria con su propio inconsciente y su propio acceso. Algo que puede vivirse como…

…EL ARMARIO DE LOS MONSTRUOS

Estudiar tarot no es estudiar historia o arte. Uno afirma que el dórico es un señor griego y no muere fulminado. Pero si uno se congela o corre hacia atrás ante un ataque con arma blanca…

Si uno admira el tarot, siente curiosidad y, sin estar preparado, cede a la tentación de “sacarse unas cartas” el día que tiene un problema, es muy probable que acabe también congelado. Ha buscado refugio en el armario de los monstruos.

Por “el armario” me refiero al “espacio del inconsciente” (que es otra forma de no decir mucho…). Ese espacio y tiempo más allá de la causalidad. Ese no tiempo, ese no espacio. Esa misteriosa simultaneidad en la que viven perfectamente pasado con presente y futuro, fantasmas, dioses, demonios, parientes, Lo único y lo múltiple, lo sagrado y lo blasfemo, todos y todo y en todas partesMemoria Profunda.

Si no se viaja ahí con frecuencia y conocimiento, el impacto es monstruoso.

Todo ahí está vivo al mismo tiempo. El Tarot vive “ahí” y se proyecta “aquí”.

El Tarot es un habitante y un guía de ese lugar que se divide para salir al nuestro. Desde aquí, desde nuestro mundo sólo podemos percibirlo así, dividido, como lo percibimos todoporque aquí abusamos de la espada-

Sin embargo, en los vastos recintos de la memoria, donde coexisten en el mismo tiempo y espacio todos los Arcanos, todas las lecturas, todas las tiradas posibles, él siempre es un ser completo.

Aprendiz de brujo

Déjame contarte una vieja, muy vieja historia…que casi seguro que conoces

Érase una vez que se era, y es una vez que se es, y será todas las veces que sea necesario que sea… que un aprendiz de brujo la fastidie bien fastidiada… porque

-Toc, toc, toc… Esto es Magia.

Todo dueño de un tarot de armario (que no usa), antes o después, se va a “sacar una(s) carta(s)” para interpretarse una situación que le pesa. Y por supuesto que se tratará de una situación enrevesada, anudada y urticante. De esas que uno no alcanza a resolver adecuadamente con los medios habituales.

Por una extraña ecuación uno cree que como la razón, que sabe usar, no le alcanza, el tarot del armario, sin saber usarlo, ha de servir de algo.

-Toc,toc… Magia.

Sólo hay dos cosas peores en esa situación.

  1.  Delegar la responsabilidad: ir a que otro te eche las cartas.
  2.  No echártelas, no correr al armario a desempolvar el tarot. Esto es magia y el absurdo, junto con la práctica, son parte necesaria del camino.

Nuestro aprendiz de brujo no está preparado porque no entrena, no estudia habitualmente. Nuestro aspirante confunde esto con una forma personal (tan cómoda como ridícula) de respeto “-Es que el tarot es tan amplio y poderoso, que no le voy a dedicar simples ratos sueltos. Lo estudiaré en serio cuando tenga tiempo” se dice.

Así pues nuestro amante platónico del tarot sabe que no está preparado, anticipa su fracaso, pero pone todo su empeño en no hacerse caso…

La verdad es que la tontería puede leerse como positiva porque, insisto:

-Toc,toc… Magia

Pero evidentemente no garantiza que la cosa vaya a salir bien… De hecho muy, muy probablemente suceda justo lo contrario.

Porque el tarot es un amante muy celoso. Exige muchas atenciones. Y lo recuerda todo… Sobre todo la falta de atención.

Pongamos que nuestro efusivo tarotista pasa por una crisis económica y sentimental y decide iluminar su oscuridad: “-Me saco una carta. Del derecho para no liarme” -se dice-. Baraja y hecho.

Nuestro aprendiz de brujo siente que la información no le aclara demasiado la vida. No es el ¡Abracadabra! que esperaba. Es más bien una redundancia.

-Eso ya lo sabía. Que estoy solo y sin un duro y no sé donde voy” piensa sintiéndose blandamente afirmado en su maestría.

-”Tres cartas.” -se ha venido arriba. “-A la izquierda de dónde vengo y a la derecha adónde voy. ¡Ala!”

(…Unos segundos de ruido blanco con un inquietante gusto metálico en la garganta…)

-Lo sabía. Sabía que lo sabía… Sabía que no iba a entender nada” -piensa nuestro tarotista acertando su propia predicción  “-Así es el tarot. Venga, vamos a ello” -se dice poco convencido.

-La Luna, sin figura humana que cuente una historia. Todo bichos y reflejos, el inconsciente, la poesía, la oscuridad, las emociones” -piensa enfadado nuestro lector sin saber qué quiere decir eso que recuerda pero no entiende.

“-El Loco” (clarísima figura humana haciendo El Loco) “-Que no tiene por qué ser un loco. Ni estar loco” -se dice (haciéndose el loco) repitiéndose que El Loco no es El Loco, como parece serlo y lleva escrito debajo.

-El Loco” -el ansia le abre un recuerdo “-puede ser la energía pura, cero, que avanza con determinación hacia… El Colgado”, que se le antoja una conclusión muy poco optimista.

No puede escapar del Colgado… Pero lo sigue intentando.

…-¿Y si saco otra carta para ver adónde va el Colgado?” -negocia. “-Creo que hay una regla sobre que si una carta mira a un sitio sin carta, se puede sacar carta para ver qué mira. Y El Colgado mira” -nuestro tarotista palidece“-… A mí. Oh no.”

-Toc,toc…Maaaaaagiaaaa”

El Colgado lo tiene agarrado por las entrañas, lo mismo que la Luna. En el centro, lo único evidente es… la decisión y velocidad con la que El Loco va… a colgarse, por lo visto…

-¿Suicidio?”…

…“-Esto no va nada bien”…

-Otra carta. Otra carta” -El “amor” por el tarot es ahora terror y huída hacia delante. Espadazos a ciegas en el armario donde pasa todo.

A fin de cuentas, “-sólo son cartones de colores. Esto no me va matar… Ni siquiera me lo creo”

Claro que son cartones de colores… que vienen desde su memoria, donde vive todo lo que sabe (y lo que no sabe que sabe) de sí mismo y del mundo… y lo sabe. Y sabe que lo sabe. Aunque con todas sus ganas y su pánico hace todo lo posible por hacerse el loco…

-Toc, toc…”

-¡Carta!” -se ordena. Y la saca.

…Pero esta vez, prevenido, practica el ceremonial previo de silenciar la mente, de apaciguar el ánimo, de negociar con su destino para que, por favor, salga algo bonito, algo que pueda entender y a lo que se pueda agarrar. O al menos algo que no asuste tanto. Algo que le dé el reposo que merece. Algo que sí pueda leer. Toma unas respiraciones profundas y ¡Abracadabra!

-¡Esta mola! Es la última, la XXI, que me acuerdo. La meta. Un buen final. Ya está. Ahora queda todo clarísimo. El final va a ser bueno.”

-Queda claro que… acaba bien. Eso es lo importante. Me largo de aquí…”

Pero no lo va a hacer. Y hace bien.

De hecho está haciendo bastantes cosas bien… pero no se siente bien.

-Toc-toc…

No se cree que felicitarse y abandonar ahora sea legítimo porque… El Colgado no mira El Mundo… ¿Qué significa entonces El Mundo?… Vuelve a mirar al Colgado a los ojos.

Sin duda el indefenso Colgado lo ve a él también. A diferencia de todos los arcanos, el Colgado mira al revés. Su mundo al revés es el del aprendiz.

Nuestro aprendiz lo intuye. Y también intuye que el Colgado es él mismo reflejado en el espejo de ese otro mundo. Así lo siente… y vuelve a sentir bien… Pero no se siente bien.

No hay manera de escapar del Colgado en la Luna con el Loco en todo el medio -siente nuestro tarotista, y lee y siente bien…

La palabra lunático se enciende en su mente. Junto a suicida. No lo consuela nada. Siente que lleva escapando de sus impulsos de autodestrucción una vida entera… Y otra vez siente bien…

¡¡TOC-TOC!! ¡¡ES LA MAAAAAGIAAAAA!!

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El pobre no alcanza a verse a sí mismo encerrado en su Mundo, colgado sin aceptarlo y sin saber para qué. No ve que debe aprender a aceptar y vivir ese estado. La locura es querer escapar (ahí está el lunático, al querer leer la tirada del revés, yendo contracorriente).

La liberación pasa ahora por aceptar y vivir el sacrificio dejando de intentar escapar del momento que se vive. Se debe suspender el juicio, envainar la espada, dejar las manos quietas e invertir el enfoque de la mirada. Aceptar que es tiempo de sacrificio y hacer lo único que se puede hacer: mirarlo de frente sin actuar ni esperar. Mirarse dentro. Debe hacerse responsable de sí mismo y de su vida y dejar de pedir a su pareja (o al mundo, o a sus padres, o al Tarot) que lo hagan por él. Sólo así se liberará, de una vez, del bucle perfecto que se ha hecho para colgarse de hábitos tóxicos que lo alejan de sí mismo.

Básicamente: debe desarrollar una observación desapegada abandonando el hábito de quejarse para liberar su visión del mundo y de sí mismo como un ser carente, dependiente y sin salida.

Eso, que sí es útil y da sentido a su situación, no alcanza a verlo.

A estas alturas sólo queda una pregunta: “¿Cuál era mi pregunta?”…

Y ahí lo tenemos. Asustado. Colgado… Lunático… Se ha clavado la espada él solito y se ha escrito dentro de sus párpados todos sus miedos… sin ningún camino útil para superarlos.

-Nada que no supiera ya” -se dice dignamente en voz alta guardando el mazo bien adentro del cajón, con todos los calcetines encima…”-Ya sabía que iba a pasar esto”-… y vuelve a sentir bien…

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¿FIN?

Aquí dejamos a nuestro aprendiz de brujo. Como ves hay varias cosas que hace bien: está dedicando tiempo, escarbando los símbolos en su alma, escuchando los ecos desde su presente. Sin duda, y a su pesar, se ha comunicado plenamente con la energía de cada arcano. Sin duda experimenta dudas (por falta de entrenamiento) que le ocultan una lectura auténticamente útil y elegante.

Incluso por un momento ha llegado a transformar su miedo en respeto, al apaciguarse antes de sacar la última carta.

Podemos resumir sus errores en dos:

  1. Apuntar demasiado alto intentando resolver algo realmente espeso sin estar preparado,

  2. No plantear perfectamente la pregunta (tema que merece, al menos, post propio).

Que se resumen en uno: No tiene experiencia. No se ha molestado en conseguirla.

El gran error será dejar el mazo en el cajón del armario porque entonces, él seguirá en ese sitio: dentro con el monstruo. Entrenando el miedo. Debería liberar al Tarot y al monstruo con amor. Debería liberar su sabiduría, su espíritu. Entrenar.

Sobre todo ahora que sabe que el tarot corta. Te puede hacer sangrar con tu propia espada.

El arte del profesor es guiar al alumno con seguridad al límite de la experiencia, ayudando a descubrir qué puede funcionar y qué no, mostrándole cómo la respuesta depende de una utilización de una relajación poderosa, sólo posible con un entrenamiento consistente.

El MIEDO (pasivo)QUE CONGELA

Y EL RESPETO(activo) QUE LIBERA

Seamos sinceros…

todos hemos hecho algo parecido ¿Verdad?

Cuando la inexplicable necesidad de “echarse las cartas” supera al miedo y a las excusas de “esto no sirve”, “no he nacido vidente”, “el Tarot es demasiado profundo para mí” “El tarot es una tontería”… uno va superando la primera prueba y se convierte en aprendiz de brujo, sinónimo de loco colgado de la luna… o va a que le echen las cartas, que puede ser peor.

Echarse las cartas” va a llenar el primer requisito del aprendizaje: cometer un buen montón de errores.

El miedo, con entrenamiento (y eso significa cultivar un espacio seguro en el que poder cometer los errores y sobrevivir) se transforma en respeto, es decir, en una respuesta superior al miedo que puede resolver la situación.

Enseñar a leer el tarot es ayudar a cada persona a enfrentarse a su miedo en un entorno seguro para evitar que esa emoción deje de ser la respuesta dominante. Para dejar de entrenar el miedo como respuesta

Por eso el único curso de tarot que concibo ahora es uno con continuidad en el tiempo y personalización absoluta. No un conjunto de conferencias iluminadas sobre mis interpretaciones (muy entretenidas, lo admito).

En el siguiente post propondré cómo lo imagino. Admito sugerencias.

Y si te ha gustado el post. Ni te cuento lo que te encantará el taller de supervivencia práctica para aprendices de brujo que estoy cocinando…

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