LOCO MUNDO

     Esta imagen me atrapa más que el scroll infinito del facebook, pero mientras el gusano en el anzuelo de la red hechiza mi voluntad y me hace un pelele, la caperuza de cascabeles me engulle y me hunde en mi mundo y mi locura. Me arrastra a una intimidad aterradora. Es espejo,DNI, ADN. Un vértigo infinito que me lleva muy lejos.

     Como él, el bufón, el loco, yo no soy dueño de mis obras. Te lo explico, o mejor te lo explica él mismo; si empiezas a leer la imagen como un libro, encontrarás escrito un nombre arriba a la izquierda: Orontius Fineus, Oroncé Finé, magnífico cartógrafo francés renacentista. A su derecha, arriba en todo lo alto, rige el Lema Filosófico (colocado originalmente… (risas locas y dionisíacas)… en el frontispicio del templo del dios de la proporción y la belleza: Apolo, y aquí, coronando la cabeza de un bufón): Conócete a ti mismo.

     Sabemos que Oroncé Finé NO es el autor de este mapa. Llevaba muerto más de veinte años cuando se elaboró. 

     El Bufón del Mapa del Mundo empieza diciéndonos: Yo no soy quien digo ser (por si no se le notaba) . Conócete a ti mismo.

     “El tao que puede decirse no es el verdadero tao”. Así empieza otro loco mapa del mundo. Quien habla, miente.

     “¿Quién eres?”, nos pregunta la imagen del espejo ¿Te conoces? ¿Estás seguro de que tu firma no es el nombre de otro? ¿En qué mundo vives?

El Loco y El Bufón medievales: un resumen.

     Loco-bufón hay en todo tiempo y en toda sociedad. Al igual que líderes, brujos o cazadores, ha sido siempre un papel indispensable. Me voy a centrar en el que la traición del tarot recoge iconográficamente: el europeo desde la Baja Edad Media.

     Aunque desde hoy el primero es, obviamente, un enfermo y el segundo un cómico profesional, en la Europa medieval y renacentista podían ser el mismo personaje.

     Le mat, mad, matto, fou, the fool, bufón, jester, gestero, joculator, juglar, joker, cheposo, albardán, payaso, tarado. El Loco y el Bufón son iguales e igualmente abusables, objeto instantáneo de risa y escarnio y cuando pueden, su sujeto.

     Se dibujan frecuentemente con culo al aire y genitales al viento. Normalmente son hombres, pero también encontramos mujeres, incluso entre los “mimados” bufones de corte, locos privilegiados.

     Muchas veces son discapacitados y enfermos abandonados a la humillación y la limosna arrojados al papel de payaso público. Otras son cómicos profesionales que alrededor de la discapacidad y la exclusión han elaborado un arte muy refinado. Algunos triunfan y sólo actúan ante público privado: los bufones de corte, los menos, sobre los que volveré.

     Se dibujan con sonido, con instrumentos burdos, con vejigas pedorreras y gaitas, con zumbadoras y caramillos, tocando quijadas de asno como violines, con frecuencia interpretando conciertos de pedos a capella.

     Su ropa parodia la de verdad, la que identifica a los auténticos habitantes del mundo, porque ellos, los locos, no son habitantes reales del mundo: sin estamento, sin gremio, desencuadernados. Son ilusiones que cuelgan ahí al borde, muy cerca de la muerte, muy cerca de la verdad. Y lo hacen para divertir, para humillar, para abusar. Y porque son indispensables.

     Se dibujan con orejas de asno que afirman su incapacidad para comprender lo que escuchan, con caperuzas bien cerradas y estrafalarias, que tanto les sirven para distinguirse como para señalar sus cabezas selladas al mundo real, encerradas en el suyo propio. Con caperuzas de gallo que representan su parloteo constante, molesto e insensato… pero que puede anunciar el sol.

     Suelen llevar plumas en la cabeza que aletean como sus pensamientos y palabras, faltos del peso del correcto discernimiento… pero palabras que pueden volar y señalar más lejos que las de otros.

     Siempre exhiben muecas presuntamente hilarantes. Se dibujan bizcos, acalambrados, babeantes, rijosos, despistados, perdidos, obsesionados, inocentes, extasiados, rodeados de niños que se burlan de ellos o que los incluyen en sus juegos, de perros callejeros o gatos que hacen cabriolas imitando sus danzas espásticas, o hablan con su culo revelando el significado de las palabras del bufón…

     Si algo son, es evidentes: suenan, bailan, cantan, chillan, juegan, visten ropa imposible, mezclando rojos, amarillos y verdes chillones. ¡Existen! Junto a la marginalidad representan la transgresión, la celebración, la inversión, lo que, curiosamente, resulta en una exaltación de la inocencia por su oposición al sistema que es todo menos eso. Frente al limosnero y el enfermo sumiso, penitente, desdichado y aceptado por el sistema, ellos dan un decidido paso al frente y reclaman su presencia con la carcajada.

     “Cuando miras al loco, el abismo te devuelve la mirada”… con permiso de Nietzsche -solicito humildemente-. Y además el loco te la devuelve junto con una carcajada que resuena en tu abismo interior.

     Se dibujan con un bastón de viaje-cetro que se refinará en el marotte, el primer palo de selfie (mira el naipe de la izquierda, arriba). La marioneta que parodia el digno cetro real. Se trata de un palo rematado con una réplica de la cabeza encapuchada de su dueño, un títere que grita verdades inversas a las del cetro real. Todo al revés. Hablan con el culo. Profesionales como Roland the Farter (siglo XIII), que una vez al año debía presentarse ante su señor (el rey inglés Enrique II) para interpretar Unum saltum et siffletum et unum bumbulum un salto, un silbido y un pedo memorable para mantener la propiedad de las 12 hectáreas que su señor le había concedido.

     El loco, ajeno al contrato social, vive y lo hace todo al revés, así que puede ofender y sobrevivir levantando los faldones de los demás y aireando sus vergüenzas malolientes. En un mundo donde honor, identidad y vida son lo mismo, él o ella son los únicos que pueden decir cosas que otro pagaría con su cabeza porque nadie les concede honor alguno ni identidad (la identidad la da el nacimiento en un estamento). De hecho su vida no vale nada (literalmente, en Suecia no era delito matarlos por los caminos).

     El único bufón privilegiado (a éste sólo lo puede apalear su dueño frente a la democracia de palos que pende sobre todos los demás), es el doméstico, el literario; el mirlo blanco en jaula dorada con el karma más enrevesado del feudo: decirle la verdad al dueño de la verdad.

     Así que el doble personaje del bufón-loco se convierte en el alma de la comedia improvisada, futura commedia dell´arte, y del tarot, el alma del teatro del mundo, El alma de esos mundos imaginarios, inversos, desencuadernados, rendidos al caos donde la razón estalla, en potente carcajada, revelando la verdadera naturaleza del juego. El bufón muestra los hilos (o el palo de marioneta) de los que todos colgamos del mundo que él ve por estar fuera. En la comedia y en el tarot la razón del Bufón es logos, aunque sobre todo es el esperma que lo crea, sus genes, pero ese es tema para otro post.

     La razón del bufón literario, de esa parodia de rey de cetro divertido y obsceno, es contar la verdad irracional, oceánica, atronadora en la que flota, inconsciente, El Mundo. El Loco es el único valiente, sin linaje ni esperanza de futuro, descartado, capaz de vivir el presente, y gritar “¡El rey está desnudo!” … y sobrevivir.

     La fidelidad de este personaje en el ejercicio de su función (la insistencia en su mismidad) llegará a ser proverbial. Tal   vez porque después de todo sí posee algo: la confianza de los otros. No es una amenaza para nadie, su marginalidad lo hace inferior. Ser el menos poderoso y objeto perpetuo de todas las burlas (a las que replica instantáneamente con rotunda y cómica contundencia) lo convierte en confiable. Esa confianza es lo único que puede considerar propio, su identidad y su honor.

     El bufón hace honor a su papel. Su devoción por traducirnos como pedo el chirrido incongruente del mundo al encontrarse con la vida, hace que lo veamos jugándose el cuello a diario, revelándole a su señor incómodas verdades terapéuticas (como la halitosis mortal del Papa). Y por eso también lo encontraremos, dueño de la plena confianza de su señor, ejerciendo de alcahuete, confidente, asesor, espía e incluso diplomático en el extranjero. Y llegado el momento, encontraremos a alguno que ha sabido hacerse enterrar junto a su amo. Y hasta con estatua propia.

      Para no tener a su favor más que sus desgracias y su arte, han dejado una huella indeleble en un mundo que nunca poseyeron. Y encima de esa huella, si miras dentro de ti, lo encontrarás bien vivo animándote a reír y a hacer, a transgredir en vez de a quejarte porque el mundo no es lo que esperabas. Si lo dudas, mira la imagen que corona el post.

Volviendo a la imagen

     Nuestro bufón lleva escrito

     EN LAS OREJAS DE ASNO

     “¿Quién no tiene orejas de asno?”

     Nos dice con palabras “Eres como yo”, “Soy tu espejo” (por si no lo habías notado a primera vista)

     “¿Quién no tiene orejas de asno?”. ¿Quién entiende? ¿Quién conoce? ¿Quién no es un bufón? Se trata, como todas las que refiere nuestro amigo de los cascabeles, de una cita clásica con toda una historia detrás, una historia que tiene su propio bufón

     Se trata del mito de las orejas de asno, castigo de Apolo al rey Midas. El rey había preferido la orgiástica música de Pan, a la armónica y elegante del olímpico Apolo. El barbero del rey Midas, al cortarle el pelo descubre esas orejas, y no pudiendo callarse, hace un agujero en la tierra y grita el secreto prohibido dentro antes de taparlo de nuevo. Sin embargo de la tierra brotan unas cañas que, atravesadas por el viento,  lo gritan como había hecho el barbero. Todos en el reino lo oyen: “El rey Midas tiene orejas de asno”. Así es de dominio público el castigo de Apolo a Midas por -según él-  no poseer oído musical para captar la verdad armónica.

     Siglos después, un filósofo estoico influyó con esta cita sobre un desdichado discípulo, un conocido autor dramático que la tuvo que poner, seducido por su profundo significado filosófico, en una obra de teatro estrenada ante Nerón.

     Osado insensato.

     Aunque el autor, de apellido Cornutus, diluyó “El rey Midas tiene orejas de asno” en la expresión superestoica “¿Quien no tiene orejas de asno?” …acaso para que Nerón no se sintiera identificado con Midas, no coló.

     El sensible Nerón, que se consideraba a sí mismo una rock star y por supuesto conocía el mito original, se ofendió con la bufonada, así que para que quedara claro que él no era Midas, el del oído nefasto,  hizo de Apolo y castigó a  Cornutus. Lo desterró  de Roma y de la Historia… La vida obedece a la literatura.

     El loco del mapa te recuerda que es un secreto a voces que tus orejas no captan lo apolíneo fácilmente. Y que tranqui, que eso nos pasa a todos. O el mundo no es un lugar de orden perfecto y armónico o nosotros no tenemos el órgano capaz de captarlo.

     En mitad de la caperuza, sobre la frente,podemos leer: “Oh cabeza digna de eléboro”

     El eléboro, de distintas variedades, se usaba como veneno y como medicina, por ejemplo, para aliviar la melancolía excesiva, que es el nombre de la época para definir la locura. La cabeza del loco grita: “El portador de la presente está chalado”.

     El mapa contenido en la cabeza del Loco se basa en los de el belga Abraham Ortelius, cartógrafo, impresor y místico flamenco. Incluso la ilustración completa podría ser del propio Ortelius.

      Parece ser que el maestro cartógrafo pertenecía a una secta cristiana aberrante para la Europa del momento. La secta defendía herejías como la tolerancia religiosa, la adoración a un mismo dios con distintos nombres (valdría  Alá o Jehová tanto como Nuestro Señor)  o la construcción de un paraíso en la tierra. La secta defendía la posibilidad de construir un mundo mejor y sin fronteras mentales ni físicas, un paraíso aquí y ahora, basado en el entendimiento y la sensatez propiciados por las buenas acciones fraternales en una tierra generosa,  regalo de Dios a los hombres. Una secta enfrentada, evidentemente, tanto a católicos como a protestantes que entendían  de la misma forma la tolerancia: como agresión directa. Era conocida como “Familia Charitatis” o “La Familia del Amor”. Véase su violento escudo: 

     En la obra de Ortelius se aprecian guiños constantes a esta forma subversiva de entender la religión. El símbolo fundamental de su fe era ese corazón que ves arriba, y el propio Ortelius dibujó alguno de sus mapas empleando la proyección cordiforme, o con forma de corazón, algo que dejó de hacer, tal vez para no dar demasiadas pistas (hermanos, que no primos) de su confesión.

     Te pongo un hermosísimo ejemplo paradigmático de la proyección cordiforme:

     …El mundo contenido en el corazón.

     El mundo en la cabeza del loco y en el corazón

     Por cierto ¿Sabes de quién es este mapa cordiforme? No es de Ortelius.

     Es de Fineus. Oroncé Finé.

     El que firma, sin haberlo dibujado, el mapa del loco.

     Parece que de dos momentos históricos distintos, de dos mapas distintos de un mundo aún lleno de elementos imaginarios en su geografía ignota, podemos extraer esta conclusión: Es una locura intentar comprender el mundo con la cabeza. Sólo el corazón puede contenerlo.

     Tal vez haya que estar loco para imaginar un mundo de tolerancia, sin fronteras, de amor. Pero decididamente, hay que estar loco para no ver la locura del que habitamos. Sin embargo su belleza, vista desde fuera, desde el punto de vista divino (especialidad de los cartógrafos), no del humano, resulta evidente en el corazón.

     Cada frase que ves en la ilustración de “El Mundo en la Cabeza del Loco” (como se conoce oficialmente a la ilustración conservada en el Ashmolean Museum, en Oxford) tiene mucha mitología, historia, filosofía y biblia detrás. Contiene el sueño de mucha gente especialmente despierta que soñaba un mundo mejor.

     Al Mundo en la cabeza del Loco se asoman filósofos e historiadores griegos, padres de la iglesia, dioses paganos, cartógrafos, alquimistas franceses, espías. Todos aparentemente irreconciliables, pero sin embargo unidos en su mensaje esencial: el mundo no puede ser comprendido, sujetado a límites. Igual que las fronteras que delimitan los países estallan periódicamente inflamadas por la pasión de la guerra, a veces desde dentro, a veces desde fuera, así estallará la cabeza del que cree comprender el funcionamiento de un mundo irracional donde el auténtico motor es la vanidad, el deseo de contener en el propio bolsillo (llámalo cabeza, llámalo reino, llámalo Mundo) las fronteras de un poder o un conocimiento que se revelará vano, hueco en la siguiente guerra fratricida, y se escurrirá, irremediablemente, de donde realmente nunca estuvo.

     Si te apasionan el tarot y la historia, “El mundo en la cabeza del loco” es un vórtice hipnótico irresistible. En este entrada he rascado la superficie histórica. Este no es lugar para seguir más. Te prometo que no me he inventado nada y he sido serio y riguroso al exponerte mis conclusiones (que no pretenden ser una verdad). Si exploras un poco alucinarás. Efectivamente la secta de la Familia del Amor existe (En España el intelectual Benito Arias Montano es uno de sus representantes, y no sería raro que conociera a Ortelius, pues ambos, criptosectarios y élite intelectual, trabajaban para el rey más poderoso del momento, Felipe II). Sobrevivieron porque eran intelectuales acomodados, influyentes y bastante espabilados como para conocer el valor del silencio. Hubo otros como ellos antes y los habrá después. De hecho los ideales de la masonería compartirán muchas cosas con la Familia del Amor.

     Aquellos cartógrafos eran intelectuales brillantes, viajados y vanguardia cultural y científica. Volcaban su filosofía en sus mapas sabiendo que un mapa del mundo, algo así como “la tierra desde el punto de vista de Dios” representaba una belleza y una concepción filosófica donde las fronteras eran efímeras y la imaginación aún tenía espacio “Tierra incognita” “Tierra vista pero no explorada” y mi favorito “Aquí hay dragones”. Pero sobre todo, Finé y Ortelius asomados a la belleza del Mundo desde el punto de vista divino, sabían que éste podía ser un lugar mucho mejor del que era si cada habitante decidiera conocerse a sí mismo en vez de intentar poseer a los otros.

     En otro post narraré los viajes interiores, con la cuerda de nudos del tarot, al que esta imagen me ha arrastrado.