La Curiosidad, el Arcano nº XXIII

     El otro día di una charla sobre tarot y teatro. Daré más porque me queda cuerda para varias y, sobre todo, porque me encanta. En esta primera creamos un grupo dinámico, curioso y divertido que tiene mecha para más. Lo pasamos bien.

     Empezamos así:

     -¿Qué te trae a una charla de tarot?- pregunté.

     -La curiosidad- fue la respuesta general.

     -Muy bien. Y eso de la curiosidad ¿Cómo se pinta?

     Propuse a los asistentes que compartiesen con los demás su imagen personal de “LA CURIOSIDAD”

     Inmediatamente quedó muy clara la potencia del lenguaje de la imaginación: todos podíamos entender el arcano “Curiosidad” que ilustraban todos los demás. Y cada uno te  decía algo profundo de tu propia curiosidad.

     El Arcano XXIII (hay XXII), LA CURIOSIDAD, era una niña que, de espaldas a nosotros se asomaba a lo alto de una tapia. Era una curva ciega en el camino ante ti. Era un niño abriendo una caja que rebosaba letras, números, secretos. Eran libros seduciendo, prometiendo, Era un rayo de luz en una habitación oscura. Eran ojos que miraban, lupas.

     No podemos evitar personalizar y dar vida con nuestra vida porque no podemos no hacerlo. Eso somos. Y no podemos no transmitir vida y significado a través de las imágenes que compartimos con los demás en forma de lenguaje corporal, verbal, actos, omisiones…

     Pero podemos (y lo hacemos) obviar y banalizar esa vida tan intensa que nos llena y fluye en todo. Esa vida imaginaria que vivimos en realidad.

     El tarot es un teatro de bolsillo que se basa en esta inevitable personalización vital de cada imagen que guardamos en nosotros (y que nos guardan en los otros) y en las historias, pura vida, que las relacionan (y nos relacionan).

     El tarot es un genial teatro de la imaginación

 

Konstantin Somov 1907

¿GPS interior o teatro imaginario?

     Te pongo un ejemplo de GPS interior normal (no tan refinado, artístico ni certero como el tarot) para mapear una excitante primera cita con esa persona que no nos resulta indiferente. Con la persona hacia la que se experimenta una intensa atracción.

     Te propongo que nos inventemos al protagonista imaginario de una cita con La persona. Pongamos que su GPS interior lo guía así:

     “-Cien metros antes de la cita con La persona , gire a la angustia en la calle donde corre ud en pelotas en sus sueños. Al llegar a la Rotonda de la Confusión, gire decididamente a la derecha hasta que el mareo le haga tartamudear y salga, dando tumbos, por cualquier parte. Señalice a todos que es ud, ha sido y será siempre un desastre que quiere ser amado pero no lo merece ¡Confiéselo antes de ser descubierto y rechazado! Ha llegado a su destino. Otra vez.”

     Ahora, tal y como te lo podría contar el tarot:

 

   

 

      ¿Quiere esto decir que si te sacas las cartucas antes de la cita, eres capaz de ver la ruta programada de tu GPS, calcular la alternativa y cambiar tu futuro perfecto de indicativo por un futuro fantástico del copón? ¿Reconocerás la voz del GPS en El Diablo, La Rueda y El Mago?

     Es probable que si tienes una intimidad ganada con los personajes del tarot y con una calma interna sincera, la obra que te representan pueda ayudarte a crear una ruta alternativa, pero seamos claros: lo más probable es que no tengas esa intimidad y una tirada sólo aumente tu confusión porque no ha aparecido esta carta, que es la que querías rascarle al mazo: (violines, por favor)

 

 

   El teatro del tarot personajea tu ecosistema interior, da voz a las imágenes, las hace interactuar y te ayuda a tomar una responsabilidad mayor sobre tu instante. En este caso ha mostrado que, si no se cambia nada, pasará lo de siempre, así que si nuestro protagonista inventado tiene un deseo (que, por definición, no es “lo de siempre”), tendrá que crear una ruta alternativa. Tendrá que cambiar las cosas y hacer algo nuevo para que pase algo nuevo.

Hacer algo nuevo para que pase algo nuevo

 

     -Vale jefe -me increpa súbitamente el protagonista inventado, que se me pone chulo. Me das una vida de mieeeerda, me soltás en medio de una pasión ardiente y maldita que me revuelca por el piso y me arrojás a la casilla de salida. A la primera. Otra vez.

     Vaya, mi personaje inventado tiene razón. Y es argentino, con lo que tiene razón dos veces.

     -¡Cómo que argentino?– Se escucha sorprendido. ¡La concha de tu madre!- sentencia. Yo no quiero ser argentino. No me gustan los argentinos-. Se para a pensar. A mí lo que me gustan son las argentinas… Esperá…  Esperá que entonces tenés razón. Soy argentino

     -Ha sido sin querer -me disculpo. Me has salido así de dentro. Debes ser mi argentino interior ¡Sabía que tenía uno! Dime qué puedo hacer por ti.

     –Todo este rollo del teatro y el tarot… ¿Vale de algo? – me pregunta. Yo la amo a ella, a la mina esa a la que vos escribís que amo. Y ahí me dejás solo en tu historia… Qué cruel. Arreglalo -me pide humilde. Usá la barajita para el bien sensei.

     -Vale Carlos Alberto- le digo procurando calmarlo mientras pienso.

     –Carlos Alberto… ¿Y tiene que ser Carlos Alberto? -murmura con voz lenta y cansina.

     -Sí- contesto seco. Es más rápido de escribir que “Protagonista Inventado Argentino Interior”. Si quieres llevarte a la chica al final del post, vas a tener que cambiar algunas cosas, si no, en los títulos de crédito vas a quedar como “El solitario” ¿Estamos?

     Carlos Alberto me mira en silencio. No hay duda de que está dispuesto a cambiar cosas (mi cabeza, por ejemplo, por un piano de cola).

     –¿Te la juegas? -le pregunto

     Se señala el torso con las manos hacia arriba y afirma, burlón y fatigado, con la cabeza.

     -Invierte el orden de las cartas- le digo.

     –¡Os! Responde Carlos Alberto como un karateka. Y lo hace

 

     –Al pelotudo rubio le crece el choto– comenta Carlos Alberto con tino mirando la varita del mago y su evolución en las siguientes cartas. Eso tiene que ser bueno– afirma sonriendo. Pero vos sos el sensei aquí ¿Qué milonga canta el tarot del teatro de la traca del trabuco?

     -Dímelo tú- le pido

     Parece que a Carlos Alberto le anima mucho ver la carta del Diablo como conclusión y empieza.

     –El pibe rubio lo tiene todo, o tiene muchas cosas ahí, pero lo que él quiere no está ahí. Algo le falta-. Piensa en silencio. O le falta mucho. Y lo sabe.

     Carlos Alberto pasó a la siguiente carta tras un momento de silencio.

     –La noria esa es inestable -afirma. Pero el bicho de arriba es el más listo de todos. Lleva una coronita y una espada. El bicho azul sabe lo que el rubio ignora.  No lo duda.  Salta en el mejor momento, patea el balón y ¡gooooool! ¡La clava!– exclama feliz.

     -¿Cómo sabes que consigue todo lo que deseaba el pib… el Mago?

     –Porque vos dijiste que antes pasaba todo lo contrario, y esto es lo contrario de lo que pasó antes. Y porque vos dijiste que yo era el pibe rubio, y yo sé muy bien lo que yo deseo.

     Argumentos incontestables.

     –Y porque al final el tipo azul te mirá y se burlá de vos. No echa nada en falta. Él sí lo tiene todo. Tiene poder no como el pelotudo rubio. El azul lo tiene todo. El puto amo que dicen ustedes-. Carlos Alberto me mira muy serio. Y por encima de todo, que es albiceleste. Con eso sólo le basta.

     -¿Y qué harás entonces para que tu cita acabe como deseas? -le pregunto

     –Ser yo mismo-. Vuelve a señalarse el torso con las palmas hacia arriba y con una sonrisa llena de dientes. Tan atractivo como inquietante.

     -¿Y no fue eso lo que hiciste antes? Cuando la cagaste, digo.

     –Nooooo sensei. Antes acabé siendo yo porque empecé siendo un pelotudo– me contestó rápidamente. Ahora empiezo siendo yo mismo, un tipo que quiere algo y ya tiene muchas cosas y acaba ganando la que le falta, la que más quiere. A La mujer.

     -Pero antes empezaste siendo el poderoso, el jefe ¿Es eso ser un pelotudo? -le pregunto.

     –Antes me preocupaba sólo satisfacer mi deseo. Empecé muy arriba. Si empiezo desde abajo sólo puedo ascender. Voy a dejar que sea ella la que elija quién soy yo para que vea en mí lo que ella más desea.

     -¿Y cómo se hace eso? -pregunté sorprendido agarrando un cuaderno para anotarlo todo antes de darme cuenta de que ya lo estaba escribiendo.

     –Escuchándola. -dijo y se calló un rato. Mirá al rubio. Sabe escuchar y tiene muchas cosas para usar. Seré lo que ella desee que yo sea– continuó. La dejaré escoger a ella. Dejaré que sus palabras se reflejen en mi cara donde pueda verlas. Voy a mirarla de frente y en silencio para que se vea a sí misma. Para que se enamore de su deseo.

     -Si no te estuviera inventando yo me darías miedo, Carlos Alberto.

     –Nos enamoramos de nosotros mismosafirmó con certeza. No es un secreto sensei- me habló como a un niño. No voy a mostrarle mi pelotudo interior como vos escribiste antes que yo hacía, cuando vos no me conocías. Voy a mostrarle su reflejo. Voy a dejarla que ate su deseo a mi imagen.

     -La relación se basará en una mentira -dije.

     -¿Y cuál no?-. Sonrió con ironía. Ya dirán el sabio o el tiempo qué es verdad y qué no. Yo no tengo tiempo para ser sabio. Aquí vine a hacer de pelotudo. Mirá la última carta. Mirame ahí por encima de mi pelotudez. Con esa verdad me basta ahora. ¿Mañana?… ya veremos.

     Y se fue vestido de tango. Me dejó cavilando a solas y mirando al diablo a los ojos, como sólo te deja un argentino dueño de un propósito.

      Todos somos personajes. Todo es teatro.

¡SE ABRE EL TELÓN!

     Personajes:

-Carlos Alberto, en el papel protagónico de “El tipo que logra lo que desea”

La, como “Ella, la mina”

-22 Arcanos Mayores + La Curiosidad, interpretando “El Teatro Imaginario”

     Pintor:   

Konstantin Somov