Los Dioses estaban tristes

Cada uno en su Dominio, cada uno en su perfección absoluta, cada uno en su Universo. Todos y cada uno de ellos estaban tristes.

Ninguno lo reconocía.

Pero un día, disimulando todos como perros, se encontraron perfectamente y como por casualidad al mismo tiempo.

La mirada a los ojos de los demás se reflejó en la mirada al interior de cada uno. En el mismo instante que compartieron la evidencia del problema, compartieron la solución.

-Creemos un No Universo. Un no Universo compartido, mezclado. Ni eterno ni perfecto -se dijeron todos dioses al mismo tiempo. -Efímero, fragmentado. Un no universo en el que que podamos relacionarnos, en el que podamos juntarnos a nuestro antojo y disfrutar cada uno de la compañía de todos los otros.

Dicho y hecho. El no universo se creó al tiempo que su pensamiento se formaba en la mente de los dioses. Todos, con una excitación que no recordaban, se aplicaron lo mejor que supieron al proyecto común.

Tanto alborozo divino produjo una explosión de júbilo que los satisfizo a todos.

En el no universo los dioses bailaron juntos, expandiéndose entrelazados, en una danza de ritmos y en una diversión que, precisamente por no ser infinita, eterna ni perfecta… era perfecta.

Las borracheras y la resacas eran grandiosas, descomunales, galácticas. Hermosísimas

La mezcla de dioses creó el no universo como el único espacio de potencial inesperado que cada uno de ellos había conocido jamás (lo único que todos conocían muy bien era la agobiante predictibilidad).

Dicho en palabras sencillas: En el no Universo la gaseosa agitación de dioses podía crear cualquier cosa.

Era deliciosamente impredecible. Perfectamente variable.

Los dioses eran felices.

El bendito caos divino y orgiástico presidía el no vacío y cada no partícula del alucinante y psicotrópico no universo.

Entonces la medida del potencial inesperado se rompió como una ampolla de vidrio al caer al suelo.

Porque sucedió.

No ya lo que podía suceder inesperadamente. Sucedió lo que no podía suceder. El prieto abrazo de dioses radiantes potenció lo imposible…y apareció la Singularidad.

En el fondo no podría haber sucedido de otra manera. Los dioses engendran dioses, y no chirimoyas como todos sabemos.

Por un momento de sorpresa íntima e impecable, los dioses contuvieron su gozo y, en la totalidad efervescente del no Universo, todo dejó de moverse, todo menos la levísima forma que pulsaba en un lugar y en un momento externo a ellos. Todos oyeron, con toda claridad, ahí fuera:

“Yo soy”.

Aquella nueva voz, dentro de la cual todos los dioses jugaban sin que ella pudiera saberlo, había enunciado aquel pensamiento imposible.

Los dioses la escucharon fuera de ellos, estupefactos, durante un segundo perfecto. Exactamente el que tardó el tiempo en inventarse.

De pronto los dioses eran las imposiblemente pequeñas y perfectamente únicas muchas partes de un ser diferente a ellos que existía, rodeándolos, en el divino éxtasis global y efímero. Imperfecto.

El potencial supremo del gozo divino se había sublimado en un vapor imposible, impredecible… y autoproclamado:

“Yo soy”

Desde entonces. Desde dentro, los dioses no se aburren.

Empujada por los dioses que llevaba dentro la singularidad, inmediatamente, buscó juntarse con otras como ella.

Así que… no hagas un drama de buscar tu esencia, Tu mismidad, tu tuidez única, tu centro, tu corazón, tu silencio interior, tu individualidad, tu alma, tu espíritu …

El gozo del caos está en ti. Te pertenece.

La (sobrevalorada) unidad… es de lo que los dioses escapaban cuando te crearon en su borrachera y sin querer.

Eres Legión (y lo sabes)

El número Uno es un número triste. El universo sólo es divertido cuando aparece El número Otro. Ese sí que da alegría y sentido.

Y meditar tal vez no sea más que unir tus otros a los otros de los demás en el imposible, inevitable, divino gozo (perfectamente imperfecto) del no universo.