Día de muertos. Noche de vivos.

Historias de tu calavera.

El sol se va. La oscuridad y el frío se adueñan de tus días. Tu esqueleto te recuerda, en las crujientes articulaciones, que es un préstamo a devolver a la piedra, y antes de regresar a ella quiere llevar tatuadas buenas historias que contar. Historias de calor y vida. De luz.

Llegamos a la época del año en la que más nos acercamos a la muerte. Y ella a nosotros. Atraídos por el sol que baja al inframundo, sus moradores ascienden reptando. Nosotros bajamos el camino frío y oscuro hacia ellos, siguiendo al sol.

Es tiempo de encuentro. A medio camino. En el espacio sagrado donde se cruzan los caminos desde la hora en la que el sol cruza el horizonte.

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Aquí te esperan los dioses del cruce. Hermes, el barón Samedhi, buitres, chacales y lobos, el perro negro, el Shinigami, Virgilio, la Morrigan, Caronte, Anubis y las Valquirias, los cuervos, la parca con su guadaña, Horus, Muerte, hermana de Sueño de los Eternos, de Neil Gaiman, Lucifer, el portador de la luz…

Sólo necesitas a uno. Todos tenemos nuestro guía personal hacia el inframundo. Es un trabajo ingrato, pero alguien debe de hacerlo, y siempre es alguien muy especial

Empieza el espectáculo.

Hay un error muy común. Tu guía del cruce no es alguien a quien vayas a conocer tu último día, o más bien el día de tu última muerte. Lleva toda tu vida caminando junto a ti. Y todas tus muertes. Muchas veces has visto su sombra o has sentido el roce de sus dedos sobre la piel aunque no hayas querido pensarlo. Puede que incluso conozcas su rostro.

Te conoce muy bien. Y tú a él, o a ella.

Es curioso, pero siempre se habla del guía de luz que te conduce a tu yo superior. El brillante.

Ya sabes, el héroe solar, el Cristo, el Ángel, Apolo. Vende mucho y bien. Es un chico guapo, sobresaliente, arrebatador, cálido y seductor…

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… Pero sólo tiene un empleo a tiempo parcial.

Y también tiene un hermano.

O una hermana.

O es él mismo cuando no hace de superhéroe, cuando descansa de la pose.

En esta epoca del año, nuestro héroe no se molesta en perfumarse, revolotear, dar guías de autoayuda para la vida, declamar, cantar y seducir. Va de bajón.

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Ahora puedes encontrarlo en casa, junto al fuego del hogar y lleva una vieja y raída bata de felpa que huele a tabaco, ron, acelgas cocidas y tarta de manzana.

Él o ella sujeta un puro entre los dientes mientras cocina, y tú no quieres saber qué remueve en el caldero porque has visto algo con un anillo flotando.

Cuando te sonríe recuerdas que estás ante el sol por el destello del diente de oro. La luz está dentro, por debajo de la superficie.

La única manera de ser tu mejor yo es pasando por él, lo llames guía de luz, perro del Infierno, Ereshkigal, Señora del inframundo, Barón del Sábado, Señor del Cruce o como sea que lo conozca tu alma en su viaje a lo profundo.

¿Qué rostro tiene el ángel de tu muerte, tu guía? ¿Qué te susurra esta noche?

Ella o él lo sabe todo de ti. A pesar de ello hay que empezar por no asustarse, hay que tratarlo con respeto, y ante todo, recuérdalo, hay que tener buenas preguntas y escuchar muy bien sus respuestas.
Ella o él sabe todas tus historias y con ellas todos tus miedos, tus quejas y tus traiciones. Y el valor y la belleza que atesoras en tu corazón. Conoce tus mentiras y vergüenzas. Conoce tu tristeza y tu contento. La medida exacta de tu cobardía y tu valor.

Deja que haga su trabajo.

¿Y cuál es ese trabajo?

En esta época del año, guiarte hacia tu oscuridad, bajo tu superficie, iluminar tus cuartos oscuros. Allá va el sol sin hacer caso a Galileos ni Copérnicos.

¿(Te la) jugarás?

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Es el momento de abrir las puertas, llevar la luz al Hades y enfrentar a los demonios.

Por si no lo has pillado aún. Tu guía no es un demonio ni un ángel cualquiera. Es Tu Guía, el sol de este reino. O el sol en este reino. Tendrá otro nombre. Hasta puede llamarse Luna, pero como en el tarot y en la vida, la luz sigue siendo la del sol. La bola roja tras la luna de la carta. El espectáculo continua. Sol, luz, consciencia.

Luna

Tu guía abre una puerta despintada de verde con un agujero en forma de corazón en el centro. Es una despensa. Tu guía te sonríe y te precede atravesándola. Al fondo una escalera baja a la oscuridad. Al pasar te esfuerzas por no mirar los tarros de conservas de las estanterías. Te cuesta. ¿Eso es un corazón? No. Tiene que ser una remolacha… Al sol se le ofrendan muchas cosas ¿Verdad? En alguna parte las guardará ¿No?

La luz de su diente de oro si es el Barón, o de su antorcha si es el portador de la luz, o de su Ank, si es Muerte, la hermana de Sueño, vacila ante ti, bajando.

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¿Cuantas escaleras hay en este sitio? ¿Cuántas escaleras puede haber dentro de una despensa?

Los decrépitos peldaños de madera crujen en la oscuridad. A los treinta y pico dejas de contarlos.

Cruzas pasarelas suspendidas de cuerdas deshilachadas y no, la barandilla podrida no te quita el miedo. El balanceo te hace temblar las rodillas pero sigues tras la tenue luz del guía temiendo perderla más que cualquier otra cosa. Acabas por agradecer las crepitantes escaleras cada vez que vuelves a ellas. Ya no las cuentas.

Tras horas… O minutos alargados respirando la densa oscuridad, llegas a los Atrios de Hueso y Hambre. Tu guía no se detiene. Lo sigues. Siempre hacia abajo.

Y entras en el Pabellón del Laberinto de los Espejos Negros.
Los espejos, en solidos marcos, deforman tu reflejo hasta el infinito.
¿Te atreverás a mirar los reflejos dentro de los espejos?

Puede que no sea divertido.

Puede que, riendo o gritando y con ojos de locura, puedas verte dentro de cada marco de cada uno de los espejos.

¿Son o no son tú?

Algunas de las estrambóticas figuras tienen formas familiares. Los conoces desde hace tiempo. Creías haberte librado de ellos para siempre, pero siguen ahí. Aprietas los dientes. Sabes que no debes darles una oportunidad de vida. Sabes que si dejas que se raje el recio marco de tu valor se colarán por la grieta anhelando tocar con tus manos, caminar con tus pies, saborear con tu lengua, decidir con tu pensamiento y parir su realidad.

Ahora puedes verlos en su prisión en la oscuridad. Escondidos, recluídos, castigados. A algunos los conoces muy bien. Por ejemplo, apuesto a que ya conoces a la febril Angustia, al flaco Anhelo y la loca Esperanza, siempre juntos y multiplicándose los unos en los otros. Puede que los llames con otros nombres. Ángeles deformados de alas rotas como muñones.

Tus demonios

Si. Tus demonios. E inevitablemente las raíces de tus ángeles. Tan enterrados estos como capaces de volar aquéllos. Si lo piensas bien, estos soportan el vuelo de aquéllos, como las profundas raíces al árbol.

Arriba, en el otro lugar, en el otro tiempo, Angustia, Anhelo y Esperanza se llaman Prudencia o Sensatez, Paciencia o Perseverancia, Optimismo o Voluntad. A la luz del muchacho resplandeciente del verano, del chico con el que sueñan todas las madres, y las hijas de esas madres, estas criaturas se revelan como útiles y poderosas.

En el infierno, en el inframundo, en el Pabellón del Laberinto de los Espejos Negros, el sol que desciende contigo ilumina el rostro de esas criaturas surcado por cicatrices de tiempo y batallas perdidas. Sus ojos relucen en la oscuridad con la angustia de escapar, el anhelo de dejar de ser ellos mismos, la esperanza de ser lo que no son y tener lo que no tienen.

A la luz del diente de oro del Barón, con quien ninguna madre soñaría para su hija, pero todas las hijas, como sus madres, desean para sí mismas, puedes verlos dentro de los espejos negros agitando con desesperación los muñones de sus alas.

Y sin embargo se ríen.

Todo el tiempo.

Se burlan de ti. Siempre lo hacen.

¿Quieres saber por qué?

¿De verdad quieres saber por qué tus demonios se burlan de ti?

Porque sólo ves a los que conoces. Cuando descubres a uno, cuando crees sacártelo de dentro, ya no olvidas su rostro ni su nombre. Y siempre lo reconocerás al volver a verlo.

Te duele porque creías haberlo destruído… pero sólo lo has castigado encerrándolo en un espejo del sotano, y él ríe y se burla de ti… para devolverte el rechazo que le muestras.

Aunque lo hayas condenado no lo has perdonado, no has aprendido a respetarlo ni amarlo, a saber que eres quien eres gracias a él. Y él te lo devuelve.

…Desde el espejo…

Lo pillas, claro.

Estás viendo tu falta de amor por ti. Y tu falta de valor. Valor no es encerrar y castigar al demonio. Eso es miedo y rencor.

Si lo piensas verás que es una verdad más profunda que el infierno y más dura que el hierro.

Y hay más ¿Quieres saberlo?

Esto es el infierno, y su profundidad, la de tu alma.

¿De verdad quieres saber qué más puede haber?

¿Sabes qué los hace reír más?

Que pueden ver tu espalda. Tú no.

Porque a los demonios que no has reconocido no puedes verlos, y caminan tras de ti a la luz del inframundo. Ahora mismo son ellos, los demonios que no reconoces quienes mueven tus manos, tus ojos y tu boca. Caminan tus pasos, sienten desde tu piel y en tu espalda mueven los muñones de las alas que no usas.

Tal vez creías haberte librado de esos demonios para siempre, pero no es así.

Y si esto te ahoga, eso significa que la Angustia del espejo no es real. Es una ilusión. La real gobierna tu corazón y tus pulmones y anida en tu mente. Has atrapado una ilusión en el espejo.

Los demonios que puedes ver te ven como eres, un títere de los demonios de los que escapas y de los que castigas.

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Si de verdad no tuvieras tantos demonios castigados como desconocidos, este lugar no sería el Pabellón del Laberinto de los espejos negros.

Por eso necesitas un guía y ése es su trabajo.

El guía te recuerda que tú eres el verdadero señor de este reino. Tú eres quien impone las penas, decide los tormentos y ejecuta los suplicios.

Tú eres la señora o el señor del inframundo. El maestro de las marionetas. Y no eres un buen amo.

Por eso ellos tus demonios se burlan de ti. Por eso te asustan.

Y por eso tú necesitas un guía.

Para ganarte al guía, ya te lo he dicho, debes tener buenas preguntas. Debes conocer la canción de tu alma.

Porque sino…

Dentro de un rato, o mañana, habrás olvidado esta historia…

…A no ser que tengas buenas preguntas con qué sujetarla en el tiempo, clavándola a las respuestas que te esperan en tu futuro.

Si no tejes tu tiempo con hilo de luz dorada, el presente se desgasta, suspendido del vacio del hábito y la rutina. Se repite una y otra vez hasta que, deshilachado por frotarse contra sí mismo, pierde su entramado y cae.

Ni siquiera hacen faltan las Parcas.

Si no tienes buenas preguntas que te claven a respuestas que deseas conocer con todo tu corazón, las historias se deshilachan y sus hilos rotos parchean otras historias hasta que todas ellas pierden su sentido y su significado.

Olvido.

Olvidar esta historia significa olvidar la risa de los demonios. Significa confundir tu vida con las ansias de los demonios de tu espalda y al Señor del inframundo con alguien terrible, poderoso y cruel…a quien temerás sin saber a quién temes y a quien servirás sin saber a quién sirves.

Olvidar esta historia significa olvidar que el Guía de tu muerte camina junto a ti cada paso que das. Significa olvidar que morirás. O que ya moriste. O que estás muriendo ahora mismo. Significa creer que no morirás nunca. Que las cosas no cambian.

Es tiempo de alumbrar y dar calor a tus demonios, de llenarlos de comprensión y compasión. Tiempo de ayudarles a ganarse las alas con las que satisfacer su verdadero deseo, volar libres y plenos, conscientes y amados, dentro del alma libre que puedes llegar a ser si decides permitírtelo. Tiempo de ganar las alas de tu alma.

Es tiempo de serena contemplación, atrevimiento y perdón.

Tiempo de celebrar con tus fantasmas y demonios. Tiempo de liberarte de la prisión que has construido dentro de ti.

Tiempo de romper los marcos de los espejos que contienen reflejos deformados de tus temores.

Es tiempo de atreverte a caminar en tu oscuridad y asumir tu responsabilidad en lo que halles.

Este es el inicio del año solar. El descenso para renacer. El momento de formular tus mejores preguntas. Alguien muy cercano a ti está escuchando.

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Créditos: El arte del barón es mérito, por supuesto del propio Barón, que ha inspirado al magnífico artista Christopher Mark Pérez https://www.facebook.com/ChristopherMarkPerezPhotographer/ poseyendo su alma aquí: http://flickriver.com/photos/christophersoddsandsods/sets/72157627976948170/

Muerte pertenece a sí misma, a continuación a ti tanto como a mí, pero tiene una muy especial relación con los Srs.  Neil Gaiman http://www.neilgaiman.com/ y Mike Dringenberg  http://www.theeartof.com/artists/MikeD.html

Iron Maiden es Iron Maiden y The Number of the Beast es The Number of the Beast. Derek Riggs, http://www.derekriggs.com/ es el artista tras la portada del disco.