Aprendiz de Brujo: Una clase de tarot

De Respeto y Laberintos

¿Te atreves a vivir una clase de Tarot? ¿Tienes la mezcla de osadía suicida y sentido común que sólo da el humor desesperado y el amor loco? Entonces ven y lee.

El tarot es un ser vivo.

Empezar una la relación con él implica que lo trates como a una criatura mítica más antigua y más sabia que tú. tienes que ganarte su respeto si deseas tener una buena relación con él. Eres su aprendiz, no su amo.

Este post requerirá toda tu atención. Si sólo tienes un minuto, déjalo para otro rato… o elige llegar tarde a tu cita pero lee con atención y calma. Esta es una clase práctica de tarot.

Toma tu baraja. asume conscientemente lo que significa este acto.

Si no tienes la baraja a mano. Imagínalo. El Tarot es una criatura imaginaria.

En cualquier caso sostienes en tus manos la baraja del tarot con toda la fuerza de tu imaginación.

¿Qué sostienes en tu mano?

Tras el umbral de tu consciencia donde estableces las coordenadas familiares “yo” , “aquí”, “ahora” y “mundo”, se abre el no espacio, el holograma de tu memoria, donde todo sucede todo el tiempo y en todas partes,

El tarot vive allí

El tarot que sostienes en tu mano es el extremo tangible, recortado, de ese holograma universal tal y como puede ser percibido desde tus coordenadas. Tal y como nombras cada cosa desde el corte con la espada de tu razón: separada, dividida, transformada en una idea, un concepto, una imagen, una emoción, una necesidad, un deseo transformada en… un naipe.

Pongamos un ejemplo:

¿Tu padre? Ahora la imagen que te llega podría ser una carta en la baraja de tu memoria. ¿Tu padre de joven junto a aquel puente? Otra carta.

Algo más abstracto ¿La Libertad con mayúscula? Otra carta ¿La libertad para elegir una palabra u otra? Otra.

Una emoción, por ejemplo ¿El miedo? Carta ¿El miedo a caer? Otra carta.

Parecen infinitas. No es para tanto. En realidad, o en imaginación, somos capaces de navegar por el espacio interior de nuestra memoria con 78, y apretando, con 22.

La imaginación hecha alfabeto. 56 arcanos mayores y 22 menores. El Tarot.

¿Cómo? Gramática, lenguaje. Si profundizas tras la apariencia de cada recuerdo individual cortado de los demás, late una vivencia, una realidad más profunda que… coincide con otras. Y esa vivencia coincidente puede expresarse con la misma carta o la misma tirada de unas pocas cartas de tarot.

A veces es la misma carta o la misma tirada para “tu padre” que para “el miedo a caer” o para “miedo a la libertad”. O una tirada, en un momento dado, puede hablar de las tres cosas (resumiendo mucho podría ser miedo al éxito), Por ejemplo:

…Y todo eso es lo que ahora sostienes en tu mano. Todas las historias que te dan forma. Y todas las demás.

No sostienes una baraja. Sostienes el misterio infinito en su forma material.

Lo que estás leyendo es una invitación

  • para que te relajes atentamente y afines tu atención

  • para que sientas respeto por lo que sostienes en tu mano,

  • para reconocer su significado

  • para que cargues tu relación con el tarot de una útil y necesaria idolatría

  • para que cargues tu imaginación con intensidad .

-…¿Y puedo sacar una carta ya?

-¿Para qué? ¿Tienes una pregunta?

-No, pero… Para jugar. Por probar.

Las cartas ejercen una gran fascinación. Tu consciencia las reconoce, se reconoce en ellas y lo sientes como un cosquilleo magnético tras la piel y los ojos difícil de reprimir.

Pero necesitan combustible. Si no, no funcionan.

La clave del arte es la identificación. Si una obra de arte no resuena en nuestro interior, nos resulta indiferente. Si no te identificas, no te atrapa. En una peli entretenida nos identificamos con un personaje, en una genial nos vemos y sentimos en varios o en todos ellos, en la propia historia, en el paisaje, en la banda sonora, en los encuadres de la imagen ¡Te quedas mirando hasta el silencio del último crédito!

¿Qué te hace identificarte? La empatía, sentir que la historia refleja un conflicto que conoces. Entonces atrapa tu atención porque te promete una posible solución para dejar de sufrir ese conflicto. No sólo no la vas a olvidar sino que, con mayor o menor consciencia de ello, formará parte del paisaje cotidiano de tu memoria.

¿Quieres que el tarot te vea y te hable? Identifícate ante él. Alimenta su fuego. Expresa una buena pregunta que cuente tu sufrir y apunte a una solución. Entonces juega. Y juégatela.

UNA BREVE, SENCILLA, ATERRADORA Y PODRÍA SER QUE ALECCIONADORA HISTORIA DE UN PRINCIPIANTE, DE LARGO TÍTULO Y RÁPIDO ENTENDIMIENTO.

Un día, joven aprendiz de brujo, amante obsesivo de los colores, las formas, el tacto y los símbolos del tarot, que llevaba siempre encima como un escapulario, decidí sacarme una carta.

Así en principio esto no tiene nada de emocionante. Vale.

El día era 1 de enero

Mi desenfadada “pregunta” era: Voy a sacarme una carta para este año

La carta fue esta:

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FIN

Puedo asegurarte que aquel año aprendí a relacionarme con ese arcano.

Pero sobre todo, aquel año aprendí a hacer buenas preguntas. Definidas, precisas. Aprendí por qué los grimorios insisten en que debes dibujar un triángulo en el suelo si invocas un demonio. Para definirlo, acotarlo, contenerlo y que no pueda saltar desde la dimensión plana de su existencia holográfica a nuestro espacio tiempo y poseerlo acechándote en recodos inesperados.

Sin límite, la naturaleza expansiva de la imaginación extendió el Arcano XIII por todos los caminos oscuros de mi memoria excavándolos, enterrándose en los sótanos y laberintos que conducían a su propia oscuridad desde todas partes.

Por entonces yo estaba lejos de tener al día mi guía del laberinto personal de caminos tenebrosos y sótanos de pesadilla.

Tuve mucho tiempo para actualizarlos. Fue un gran, de grande, de que no se acaba, gran año.

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¿Sigues queriendo sacarte una carta?

…Si sigues queriendo… adelante…

Y cuéntame…

Te espero…

                          muy pronto