La sargento Soldevilla ha completado con todo éxito, como es su costumbre, la operación “Yoga Olímpico”, consistente en infiltrarse como periodista en la Olimpiada de Madrid 2034. Aquí su reportaje del evento.

 

Yoga Olímpico

 

El comandante me ha vuelto a meter en su máquina del tiempo. Asisto a las Olimpiadas Yóguicas “Yoga y orden” de San Isidro a celebrar en Madrid en 2.034 . Patrocinadas por Soilen Green y amadrinadas por Gallardón, que luce terno negro, peineta y mantilla de tul.

Asisto como periodista desencarnada (es lo que tiene viajar en el tiempo) acreditada , y oficiaré de locutora para los lectores del blog del comandante de, me parece mayo o junio de 2.017 -desde aquí no lo veo muy bien- a los que mando un afectuoso saludo.

La primera prueba del yoga olímpico es la de estiramiento y contorsión extrema.

Es sin duda la que el público espera con más ansia por lo bizarro de las lesiones que se pueden ver aquí legalmente. Y junto con la última, la Peregrinación, es la más vista.

Este año el duelo en estiramiento y contorsión extrema femenina se desarrolla entre Frieda Merkel y Lalita Devi. Merkel, representante de la Nueva República Democrática Alemana aúna un físico de flagelador de galeotes con una flexibilidad de sauce llorón. Hace calentamientos aterradores en el lateral de la colchoneta.

Lalita Devi, de India, no tiene físico descriptible sino probable: puede que esté aquí, que esté allí, o aquí y allí… También puede que no esté en ninguna parte. La joven roza, sin duda, el límite de la flexibilidad humana, sobre todo cuando se halla en el estado “aquí y allí”, siendo “aquí” Vigo y “allí” Cartagena.

Los cuatro jueces y mediums proceden de reputadas escuelas de gimnasia, contorsionismo, oui-ja y del acelerador de hadrones.

Inicia la competición Lalita Devi. Hay un silencio expectante. El aire vibra ligeramente. El juez del Acelerador levanta el pulgar tras sus pantallas… ¡Lalita está entre nosotros! Esperamos confirmación y ¡Sí! la medium gira la cabeza 360 grados como si la viese por todas partes… Todos, público, jueces y Merkel contenemos la respiración. Y entonces llega la confirmación desde Nueva Delhi. ¡Sí! ¡Efectivamente! ¡Hay confirmación oficial!

¡Lalita también está en Nueva Dheli.

¡HANUMANÁSANA!

¡Hay récord! ¡Hay récord! ¡Hay récord!

 

¡Nuevo récord de yoga olímpicoooooooooo!

Los aplausos son ensordecedores. Frieda Merkel se sienta abatida. Vencedora Lalita.

Tras un rato de deliberación los jueces cuelgan la medalla a un emoticono sonriente de una foto de facebook del perfil de Lalita donde ellos mismos colocan la medalla al emoticono.

La segunda prueba es la de ásana sostenida.

El sensible sismógrafo es introducido con cuidado, pompa y circunstancia.

Compiten dos veteranos y uno nuevo:

El Venerable Dergrang Rinpoché, actual campeón, sacado de un glaciar en 1.896, con padmásana.

Lucio Vázquez, informático en paro desde 2.008. Sofásana.

Y Raphael, con “Yo soy Aquél ” Aquí su actuación ¡Bárbaro!:

 

 

 

 

No hay color. Raphael, que juega en casa y lo da todo, gana por abrumadora mayoría con el respetable puesto en pie. El Venerable rinpoché no puede evitarlo, se levanta crujiendo como una matraca y lo abraza, rendido y entre lágrimas… ¡Raphael!

¡Dos minutos treinta y cinco segundos le han bastado a Raphael!

¡Qué emoción, damas y caballeros! ¡Qué emoción!

Si eso no es Postura, sentencian los jueces persignándose ante el inmutado sismógrafo, venga Dios y lo vea.

Como Dios no viene, el respetable saca a Raphael y al venerable, que no lo suelta, por la Puerta Grande ¡Olé!

Desde el palco Garzón murmura algo. Le leo los labios…que hay que solicitar, dice, la inclusión del chotis como ásana tradicional española de exhibición. Soraya Sáez de Santamaría, peineta alta y mantilla de chantilly negra, chupa el lápiz y toma nota.

Parece que todos se olvidan de Lucio, el informático, que sigue parado y sin mover un músculo desde 2.008. Finalmente las asistencias lo retiran. Supongo que lo guardarán para la próxima olimpiada donde defenderá la plata. Al menos tiene puesto fijo…

Veo a lo lejos que el rinpoché se descalifica con gusto sobre el gentío dándole a la bota vino con el codo estirado y agitando la túnica con la otra mano. Un helicóptero parece el tío ¡Qué garbo! Van bailando Mi Gran Noche:

Prueba de atención sostenida

Llegamos a uno de esos momentos que todos afirman que son, al menos tan importantes y olímpicos como cualquier otro, lo que significa que no lo son. Mientras cambian las tramoyas del estadio y el público atasca los pasillos esperando turno para el baño, entran los doce participantes de la poco vistosa prueba de atención sostenida.

Los requisitos para los participantes son:

1. No superar los treinta años.

2- Firmar una exención de responsabilidad en caso de daños irrevesibles.

3. Superar el escáner de frecuencias para asegurarse de que no están conectados.

Los doce… no…

A ver, a ver. Uno, dos, tres… Sí. Quedan seis.

Parece que han puesto un escáner antidoping por sorpresa a medio metro del oficial y han sorprendido ipso facto a seis participantes que ya se habían reconectado. Tres posteaban un selfie de ellos mismos siendo sorprendidos y los otros tres lo comentaban con ingeniosos memes de los anteriores. En su generación el post de Lalita recibiendo la medalla de oro es historia antigua.

Los 6 participantes restantes se colocan ante una vela apagada.

Uno no lo soporta y comienza a gritar y echar espuma por la boca. Lo retiran entre convulsiones.

Esto es muy duro, señores. Roza lo inhumano.

Los cinco participantes se preparan.

-¡En sus zafus!

-¡Listos!

-¡Ya!

Un juez enciende la vela, otro un cronómetro. Otro pega un tiro. Los anteriores lo miran mal. Menean la cabeza. El de la pistola la guarda compungido.

 

 

 

Lo he leído y copiado desde el facebook del comandante… Yo estaba mirando a los jueces.

Sobre la pista, la vencedora, la especialista surcoreana Koo Hie Jung es sacada en silla de ruedas por los servicios de geriatría. Ha quedado exhausta. Ha perdido seis kilos y unos cincuenta años. Los demás valientes participantes se contentan con andadores. Todos vuelven a sus páginas donde familiares y entrenadores los esperan levantando los pulgares y agitando gifs virales.

No creo que este tipo de pruebas tenga mucho futuro. Son demasiado largas y aburridas y los participantes llevan la tripa tapada.

Vuelve la animación al estadio. Ya sólo quedan los platos fuertes: Vinyasa ball, nueva tradición y la clásica Peregrinación. El público, con las vejigas bien vacías para aguantar horas de meditación y los capazos llenos a rebosar de bricks de soilan green sabor meditación, se muerde las uñas con un chirrido irritante.

 

La prueba del Vinyasa Ball

 

Entran los contendientes para la medalla de bronce. Brasil contra Nueva Zelanda.

El equipo de Nueva Zelanda, a la izquierda. Pantalón negro, camiseta negra. Quince maromos… o maoris… como roperos, empiezan como siempre empiezan ellos estas cosas, con un Haka. Haka vinyasa yoga.

Dios bendito ¡Acabo de enamorarme del Haka Vinyasa Yoga! Pero sobre todo acabo de enamorarme de la selección titular de yoga olímpico de vinyasa ball de NZ del año 2.034. Miro de reojo el palco. Dolores de Cospedal, de negro riguroso, peineta alta de carey, mantilla negra de blonda hasta las rodillas y un HK G36 reglamentario en bandolera, da paso al frente. No pierde detalle.

Los maoris empiezan a cantar. Se pegan en sus músculos de piedra con manos como palas. Gritan con voces guturales. Se esparrancan y se golpean, se golpean, se golpean. Sacan la lengua, abren esos ojazos negros, gritan, gritan, gritan. Las lenguas. Dios. Dios. Dios.

¡Oigo ráfagas! ¡Cuerpo a tierra!

Soraya, un pie sobre la barandilla del palco y mantilla al viento, ha quitado el fusil a Cospedal y con él, apoyao en la cadera, dispara al aire a una mano chillando como una auténtica saharahui. Los servicios de seguridad, preparados para todo lo que no es esto, flipan. Soraya vacía el cargador pero sigue apretando un rato el gatillo. Mira a los neozelandeses con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta. Ellos, que hasta ahora habían mantenido el tipo la miran a ella, se miran entre ellos y visto y no visto, se guardan la lengua y aprietan a correr.

Los brasileños, solidarios, al sentir la mirada de Soraya se la envainan lo mismo y les echan a correr detrás. La batalla por el bronce queda desierta. Raphael los recibe con esto https://www.youtube.com/watch?v=h0wISRlYd6M. Me dan ganas de pasar de todo y largarme pallá.

Cospedal arrebata el arma a Soraya que pone cara de “Pues no es pa tanto, si me queda a mí mucho mejor”. No veo a Garzón. Retiran un plasma desmayado en camilla.

Llega la hora de la final. España-Italia. La selección española no está en su mejor momento. De hecho, en este momento, no está. No ha logrado clasificarse a pesar de ser la anfitriona y tener plaza fija. Italia gana con esfuerzo. Sin esperar medalla y mirando de reojo al palco salen bailando la tarantella. Creo que se unen a brasileños y maoris que siguen a Raphael y al rinpoché sambeando hakas por La Castellana.

El públigo deglute Soilan Green sabor meditación con un ritmo monótono que da bastante mal rollo.

Pero… ¡Qué ambiente, damas y caballeros! ¡Qué ambiente el de fuera del estadio! Si el público no se sintiera observado por el palco y las 60.000 nanocámaras que graban el evento (ni drogado), se habría largado también a sambear hakas con Raphael, centro inmóvil del cosmos alrededor del cuál gira todo, pero el pan es el pan y el oficio de público (dietas incluidas) es de los pocos que quedan ¡Soilan y Circo!

¡ Y de todas formas!

¡¡Llega la Peregrinación!!

¡Por fin entra en el estadio Senseiguruji Tom Stronghold!, representante de su propio estilo franquiciado que lo hizo famoso, rico y guapo. Viene encadenando sun salutes A de competición (arrojándose al frente, no atrás) desde Camboya (olimpiada de 2.030).

El sensible y espiritual yogui ha sustituido los tatuajes de dragones por los de su patrocinador, Soilan Green, que le paga unos kilometrajes descomunales.

Como al estirar los brazos mide tres metros, al lanzarse en plancha hacia delante deja tierra pa cebollas a su adversario, el pequeño, aunque resistente subsahariano indocumentado con una manta atada a la espalda que se prosterna a la tibetana.

Prosternación tibetana: De rodillas, barrigazo, extender brazos hacia delante, arriba el culo, en pie y dos pasos hasta donde se ha llegado con las manos. Y otra vez. Y otra. Midiendo la distancia con el cuerpo… como medimos la distancia con la muerte, siempre a un cuerpo -el propio- de distancia.

El subsahariano, del  que no nos han pasado papeles y al que para abreviar llamaré Susa, lleva así desde saltó o reptó bajo los campos de concertinas en Ceuta… O igual desde debajo de las alambradas de la guerra que lo ha traído hasta aquí, quién sabe. Se ve que entrenado en arrastrarse está.

La de Susa es una técnica más simple y rápida que el sun salute. Se basa en el modelo estándar de prosternación humillante para solicitar los papeles de residencia en espectáculo humillante autorizado. Pero hay que decirlo, es un ejercicio menos pulido y elegante, más working class, lo que se penaliza con menor puntuación en el apartado estético de la rutina. La prosternación puntúa de verdad cuando en el espectáculo autorizado hay leones.

Entran en el recinto bastante igualados.

Susa parece nervioso. Mira hacia atrás. Una pareja de Municipales se persona en la pista y le pide la documentación. Parece que el ilegal ha entrado ilegalmente en el recinto ¿Eso no debería ser legal? Parece que no.

El hombre arroja la manta llena de CDs, olvida su solicitud y escapa a una carrera más que decente que levanta al público de sus asientos. Consigue doblar a los munipas en la segunda vuelta, pero ellos, acostumbrados, sostienen un ritmo tranquilo y seguro mientras hablan por la radio del hombro. Susa vuelve a doblarlos otra vez. A la tercera, al verle acusar el esfuerzo, los munipas aprietan ligeramente el ritmo. A la cuarta, muy profesionales, le echan mano sin alboroto, pero el ilegal se lleva el calor de los aplausos del público, que deja ¡Por fin! de deglutir y morderse las uñas.

Se hace el silencio. El público mira al palco como un cachorrillo. Momento de tensión, queridos lectoyentes.

Gallardón, de pie, inescrutable tras la mantilla echada sobre el rostro, disfruta de la atención silenciosa de sus súbditos unos segundos de gloria húmeda. Lee sus deseos. Levanta, magnánimo, el pulgar.

¡Le gusta! ¡Papeles para Susa!

Los munipas sacuden el polvo al hombre, le estrechan la mano y lo levantan en hombros. We are the champions por los altavoces. Yo habría puesto Show must go on, pero no tengo dedos. El momento solidario de la gala Yoga Olímpico 2.038.

Senseiguruji que los ve salir se siente campeón, sobrao del todo, se permite incluso intercalar algún sun salute B, rutina más exigente, de menor recorrido pero gran belleza formal y superior nivel de esfuerzo. Al recibir los aplausos del respetable se viene arriba e intercala pinopuentes en loto con tirabuzón torcido y pasamanería con borla española, fino detalle que le aplauden desde el palco inclinando las peinetas oficiales con sobriedad de viernes santo.

Senseiguruji se detiene ¿está cansado? No ¡Imposible! ¡Los yoguis no envejecen! ¡Los yoguis no se cansan! ¡Los yoguis no tienen barriga! ¡Los yoguis siempre son felices!… El público contiene el aliento y las degluciones. Parece  que Senseiguruji busca algo… Señala el suelo… ¡Es que no hay meta! Se han olvidado de pintarla… Pero es que…¡Esto es yoga! ¡En el Yoga no hay meta! ¡Proceso! ¡Pro-ce-so! En términos actuales, oferta y demanda. El yoga debe manar. Senseiguruji se inclina ante esta verdad frente al palco, Garzón le tira una bota de Soilan Green, Senseiguruji medita, amorrao, un torpe trago y dice con acento de Tenesee

-Va pour ustetes!

¡Y lo hace! ¡Se va! Lo hace por nosotros. Por el yoga. Por Soilan Green sabor Meditación. Por no tener barriga, por ser siempre guapos, siempre felices.

Tom Stronghold pone rumbo a Buenos Aires 2.038, sin pausa, sin despeinarse ¡Pundonor! ¡Coraje! ¡Esfuerzo! Damas y caballeros ¡Esto es 2.034! ¡Esto es yoga! ¡Gracias a nuestro patrocinador Soilan Green sabor Meditación!

Veo por un monitor que La Castellana tiene una marcha del carajo. Voy pallá. Creo que tardarán en mandar los antidisturbios porque, si bien superamos en unos cincuentamil el límite máximo legal de tres personas en el mismo grupo, hay deportistas extranjeros acreditados rodando el evento con sus lentillas ¡Madrid es una fiesta!

Veo que La Roja intenta acceder en las Torres Kio pero los feroces y eficientes funcionarios de aduanas españoles lo están poniendo difícil porque la selección lleva deportivas. Aquí no entra cualquiera. Somos un país serio y podemos demostrarlo. Cada cuatro años.

Disuelve la conexión Gertrudis Soldevilla.