Tu futuro está en tu memoria.

Más concretamente en tu imaginación, que vive en tu memoria. Ahí es donde el futuro vive y nos afecta. El tarot lee ese lugar para dibujarte dónde ubicas los miedos, dónde las posibilidades de crecimiento y cómo convertirlas en tu mejor presente.

En tu interior se crean espontánea y constantemente futuros inmediatos y de largo plazo. Es un proceso inevitable.

Un semáforo amarillo te dibuja dos futuros, te da a elegir entre asumir o evitar un riesgo. En un coche a cincuenta kilómetros por hora ambas opciones se reducirán pronto a una.

Otros futuros son menos evidentes y mucho más extensos. Algunos de ellos son muy importantes. Puede que seas consciente de ellos. Puede que no. Pongamos un ejemplo radical, final:

…(Vamos a ponernos estupendos. Inspira profundo. No digas que no te aviso.)

¿Sabes que tienes dentro la imagen de tu muerte futura?

Se supone que morirse es el extremo final del futuro. El Finisterre.

Y tú tienes imágenes de eso.

Todos tenemos imágenes de cómo creemos que vamos a morir. No nos gusta visitarlas, pero no pueden no estar: la muerte de otros nos ha afectado profundamente, y todo el mundo piensa, aunque sea de tarde en tarde, en su propia muerte. Y la mente humana es, ante todo, un gran máquina predictiva que juega con los datos que tiene. 

Así que sí. Dentro tienes imágenes del final de tu futuro aunque no te guste pensarlo (sobre todo cuando recuerdas que lo que creemos, lo creamos)… Entonces ¿Cómo no las vas a tener de los paisajes hasta allí? Las preguntas son

  1. ¿Qué futuro hacer real?
  2. ¿Puedo elegir? ¿Puedo cambiarlo?…

Dejemos al sabio amigo , que siempre aporta un profundo discernimiento y un necesario y recogido canguelo. Volverá pronto… ¡Quiero decir en el post!

 

Explicada la idea de los futuros íntimos y no completamente desconocidos, vayamos a futuros menos finales. Menos de Finisterre. Más como de Cartagena, abierta al Mediterráneo. Vamos con Penélope.

Liberando el futuro

 

Allí, en Cartagena, hay una mujer que se planteaba, casi a su pesar, volver a su Vitoria natal. Una mujer del norte con alma mediterránea.

Penélope ha vivido una buena vida en Cartagena. Pero ahora siente que las cosas son diferentes. Siente la llamada de la ciudad que abandonó hace muchos años, cuando se fue de allí rebosando tanto júbilo por vivir una vida nueva como rechazo a asfixiarse en un futuro que detestaba.

Hoy, veinte años después, Cartagena se deshilacha en la mirada de Penélope y una incómoda sensación superpone Vitoria en su mente.

Y Vitoria, en la memoria de Penélope, es el espacio del ahogo que la empujó a vivir otra vida. Sin embargo aquel pasado cortado, aquel futuro rechazado, continúa intacto bajo la superficie como cuando se retiran las sábanas del salón de la mansión y los muebles aparecen limpios y encerados.

Mientras tanto Cartagena se disuelve. Sin embargo en Cartagena tiene compañeros y maestros espirituales a los que se siente muy unida.

Se trata de una elección vital, de esas que empiezan a escocer antes de que la mente pueda explicarse los por qués o los para qués de una herida que percibe pero no localiza.

Esos por qués y para qués la llaman desde el futuro. Desde un arcón, encerrado bajo siete llaves, en el desván de la imaginación. 

Penélope lleva muchos años practicando meditación zen y yoga con profesores sensatos y brillantes. Se la nota mucho al trabajar con el tarot. Pronto va a ser profesora de Yoga Dinámico. A juzgar por la claridad con la que ve en su interior, creo que ella también va a ser una profesora sensata y brillante.

Hacemos la lectura por teléfono. Si tú tienes un tarot y hacemos una consulta telefónica, suelo recomendar que lo tengas delante. Tú te sacas tus cartas, yo reproduzco la tirada y leemos juntos. Si no es así, aconsejo que te bajes los arcanos mayores de una página de internet y, si es posible, que los tengas enfrente mientras hablamos. Penélope había hecho los deberes, había descargado las imágenes y tenía varias preguntas muy interesantes sobre ellos.

Para ser la primera vez que los veía reparaba en cosas sorprendentes. Sus preguntas revelaban una atención profunda. Quedaba claro que su decisión de tomar una lectura de tarot era correcta. Su energía se alineaba con los arcanos.

Antes de empezar hicimos un sencillo juego, sin tarot, de apertura a la memoria profunda. Lo resolvió inmediatamente. Le quedó perfectamente claro, con una ligera sorpresa pero sin drama, que en el desván de su mente guardaba un futuro brillante en Vitoria. También supo que allí no quedaba espacio para un futuro en Cartagena.

Lo que parecía ser lo más difícil para la mente, la necesidad de elegir entre las dos ciudades, aclarar las emociones, afrontar el desafío del cambio con todo lo que eso implica, había sido lo más sencillo de resolver. Y esto sin sacar al tarot de la caja. Con quien cultiva la claridad interior y la calma suele ser muy sencillo. La línea básica del mejor futuro estaba trazada. Ahora quedaba despejarla.

Despejando el presente

Una hora después teníamos esto sobre la mesa:

 

Basé el guión de la lectura en dos cartas: problema-solución. Las ves a la izquierda. Después, la sabia mirada del El Papa encontró a XIII, cuya acción ( y la invocación mágica de Penélope, como ya verás) reveló a Templanza.

Al empezar, con sólo El Juicio sobre la mesa, a Penélope le llamó la atención la mujer de la izquierda, que no mira al ángel sino al hombre, en pleno éxtasis.  Penélope lo relacionó con su aprendizaje en Cartagena, con maestros que la habían ayudado a alcanzar una luz que antes no tenía. La habían enseñado, como en la carta,  a mirar la luz habitada, el ángel.

Esta visión de la carta “problema” cuadraba muy bien , sobre todo porque la carta solución, El Papa, habla ya de la posesión de un conocimiento interno que permite ver por una misma. Penélope ha desarrollado su propia mirada espiritual. Ahora toca usarla. El tiempo del aprendizaje en Cartagena ha terminado.

El Juicio como problema puede marcar aquí el miedo a un nacimiento superior, un no querer salir de un espacio cómodo que ha resultado muy positivo y ahora se siente como acogedorpero es la tumba de lo que se puede ser.

El Papa puede mirar la luz habitada, el ángel, por sí mismo. Ya no necesita intermediarios. Incluso su conexión con el cielo, con la sabiduría, le permite ahora ser el intermediario para otros. Podemos decir que su conocimiento profundo sobre sí le permite aclarar su visión.

Míralo en acción en el orden numérico original:

Aclarando el futuro (guardado en la memoria)

Había que ver qué miraba ahora el Papa con tanta atención. Penélope sacó carta, y apareció, como ya has visto, nuestro Mr. Finisterre.

Estaba claro, el Papa tenía el cuajo de enfrentar su miedo, de mirar su sombra, de pasar a la acción tomando la decisión de cortar lo que le impedía crecer hacia una luz superior.

Penélope comentó que había vuelto hacía poco a Vitoria, y que se había sorprendido de sus propios sentimientos. En vez del rechazo esperado, había sentido piedad por las personas que seguían encerradas en las creencias absurdas y no cuestionadas de las que ella había escapado. Ahora veía con total claridad y una profunda compasión, que con veinte años más, aquellas personas habían tejido una impresionante cárcel de prejuicio y dogma a su alrededor que les privaba de claridad y sosiego. En Vitoria, – en sus propias palabras- Penélope había calibrado su templanza.

Cuando la escuché decir Templanza  me puse a hacer sumas con las cartas sobre la mesa, pero ninguna de ellas hacía XIIII. En cualquier caso estaba claro que había que ver lo que estaba viendo el Papa más allá de su miedo.

Había que sacar otra carta.

Y sí. Siguiendo el orden numérico natural, que es el más raro en una lectura, salió Templanza,  El ángel que el Papa, con una mirada pasamuros, sabe que está ahí, tras una forma aterradora.

Quedaba claro que la necesidad de conocimiento de Penélope había sido saciada en Cartagena. Ha limpiado su conexión con el espíritu. Es capaz de ver en sí misma. Lo necesario ahora es usar ese conocimiento, esa la mirada sagrada, en donde más necesaria y útil va a ser. Llega el momento de llevar luz a las sombras, y la luz la lleva ella en su corazón y sale por sus ojos.

Temor y Amor

Por supuesto, debe señalarse la positiva presencia del siempre esbelto Mr. Finisterre y los sensatos valores de futuro que aporta:

La verdadera muerte está en la primera carta. La muerte está en no salir de la tumba, en no nacer, en no usar el conocimiento adquirido y querer seguir idealizando la enseñanza espiritual dividida en los cómodos papeles de aprendiz y maestro. Llega el momento de salir y vivir la luz allá donde es más necesaria. Salir del cómodo nicho protector y enfrentarse a la propia sombra, en la propia vida. Sin reglas. A Penélope le toca ser maestra de su tiempo, dueña de su futuro.

El ángel llamó a Penélope desde Cartagena hace veinte años, pero a la vez nunca se fue de Vitoria donde la sigue esperando. Cosas de ángeles. Ella lo llevó dentro siempre, aunque no lo sabía, por eso tuvo que ir a Cartagena: para aprender a reconocerlo en su interior, para escuchar su mensaje. También se llevó a Cartagena sus miedos, por eso debe volver a Vitoria, para resolverlos y templar su espíritu.

Futuros deseados y vividos. Futuros temidos. Futuros ocultos.

Ahora que lo sabe tiene el poder de cortar por fin con aquello que rechazaba en su juventud, de liberarse de su miedo con determinación y piedad. Ahora tiene el poder de sa-ver que no se va a convertir en lo que temía, que no necesita huir de ello para ser ella misma, y que puede enfrentarlo llena de luz y de decisión. De auténtica compasión.

Ahora se trata de calibrar y habitar La Templanza y descubrir un centro que aún no conoce pero sabe dónde la espera en este momento.

Veo la historia como un duelo en la calle principal del pueblo. El sol se pone. Un cardo muy atareado cruza la calle rodando entre la mujer y la figura que cierra el otro extremo. Ella, vestida de blanco y con los nudillos de la mano izquierda tatuados. El pistolero alto, enjuto, oscuro, con el sol a su espalda, no proyecta sombra. La de Penélope se arrastra pesada tras ella. Silencio.

Ambos echan a andar lentamente sobre los trece metros de tierra y polvo que los separan. A los cinco metros el pistolero se detiene y se prepara. Penélope sigue caminando lenta y segura. No mira a su adversario sino más allá de él.

La figura oscura levanta sus manos armadas a la altura del pecho de Penélope, que continúa y  se mete en su oscuridad, primero con su mirada y luego con su cuerpo. Su corazón es más fuerte que su miedo y su visión llega más allá de este momento.

Para ti y para mi es un cambio de párrafo, pero Penélope ha necesitado entrenar durante veinte años con maestros de yoga y zen para reconocer, enfrentar y atravesar esa oscuridad.

Y la atraviesa

Se detiene un metro más allá. A su espalda el sombrero vacío cae al suelo. Ahora Penélope, transformada, tiene también tatuados los nudillos de la mano derecha. Se mira los tatuajes. Amor en la izquierda,  XIII, en la derecha. Gira las manos y une las palmas, mirándolas. Un corazón, con alas extendiéndose sobre sus dedos, une sus dos mitades.

Por supuesto, sale de la ciudad. Ahora ella tampoco deja sombra detrás, aunque camine hacia el sol. La lleva consigo, tan ligera como sus alas.

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